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Acusaciones cruzadas

Lucio Tezón Por Lucio Tezón | 14 de Abril de 2018

El Congreso Nacional está comenzando a debatir un tema de los más complejos que puede abordar un legislador, decidir mediante la aprobación de una normativa, la interrupción legal de otra vida humana, cosa que ocurre en la ilegalidad y con riesgos para la salud y la vida, en general, de mujeres vulnerables.

Toda posición irreductible lleva al fracaso, más aún en la política, pues no hay chance alguna de generar consenso frente a alguien que no puede cuanto menos ponerse un segundo en los zapatos del otro.

El debate abre una nueva grieta transversal que atraviesa los partidos políticos, la ética, las barreras generacionales, las religiones y los agnosticismos.

Desde  el punto de vista jurídico la complejidad de la cuestión no es menor dando lugar a variadas interpretaciones, brevemente podemos decir; que en 1984 se sanciona la Ley Nº 23.054, la cual aprueba la Convención Americana sobre Derechos Humanos, tratado internacional cuyo texto declara que el derecho a la vida existe "en general, a partir del momento de la concepción". En 1990 se sanciona la Ley Nº 23.849, en donde se aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño:  «la República Argentina declara que el mismo debe interpretarse en el sentido que se entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18 años de edad». La Reforma constitucional argentina de 1994 en el artículo 75º inciso 22 incorporó con jerarquía constitucional los Tratados y Convenciones Internacionales sobre derechos humanos. El 1 de agosto de 2015 entró en vigencia en la Argentina el nuevo Código Civil y Comercial que en su artículo 19 afirma “que la existencia de la persona comienza con la concepción”. En el año 2012, la Corte Interamericana de Derechos Humanos zanjó las diferencias interpretativas en el fallo del caso "Artavia Murillo y otros ("fecundaciónin vitro") vs. Costa Rica", en el cual interpreta el artículo 4 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, se afirma que "hay concepciones que ven en los óvulos fecundados una vida humana plena. [...] Asimismo, señala que basta señalar que dicho objeto y fin implica que no pueda alegarse la protección absoluta del embrión anulando otros derechos".

El debate comenzó; con fuertes cruces, de uno y de otro lado de la grieta donde ambos dicen defender la vida. Pero, ¿la vida de quién? Ambos lados de la grieta se condenan y acusan de promover la muerte, los antiabortistas por matar niños por nacer y los proabortistas de no contemplar las muertes de mujeres que recurren a abortos clandestinos en condiciones nefastas.

Así las cosas; cruces, chicanas, acusaciones, enojos, gritos, pelas, para tratar de dar una solución a las consecuencias del embarazo indeseado.

Parece que estamos acostumbrados a correr detrás de las tragedias, pues toda muerte, pasada, presente o futura es al fin y al cabo una tragedia ¿se puede elegir entonces?.

Sería interesante que de vez en cuando y frente a cuestiones tan sensibles empecemos a discutir las causas de nuestros males para abordarlas con seriedad y responsabilidad.

Me cuestiono e invito a cuestionarnos: ¿porque se llega a un embarazo no deseado? ¿es necesario incorporar en la currícula educativa cuestiones referentes a la educación sexual, de manera  temprana, seria, y profunda? ¿habría que contemplar el cuidado y educación de madres en situación de vulnerabilidad para evitar embarazos no deseados? ¿se debería abordar un proyecto de planificación familiar? ¿habría que reformular una nueva ley de adopción, más flexible, rápida y eficaz? ¿tendríamos que reformular nuevos planes sanitarios, en materia de anticoncepción e intervención quirúrgica en hospitales, salitas de atención primaria, y demás vectores de la salud? Y tantas preguntas más.

Parece que solo reducimos el debate a “quien” debe morir, la consecuencia, la tragedia del niño por nacer muerto o quizá la posible muerte de una madre por un aborto hecho en una casilla de la villa o en condiciones y bajo métodos insalubres.

En lo personal creo, que discutir la muerte o la posible muerte, en ningún caso es la solución, es hora que empecemos a abordar las causas y no las consecuencias. Discutamos sobre las vidas de los que están en camino y también las de mujeres que arriesgan las propias, para sacarse las vidas dentro de sí.

El autor es expresidente del Honorable Concejo Deliberante de Pergamino

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