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Con 12 años fundó una escuela en su casa para ayudar a otros chicos

Con ayuda de su abuela Ramona, fundó su propia escuela en el fondo de su casa, con aulas, pizarrón, biblioteca, dirección, libro de asistencia, botiquín y hasta una campana para que los chicos salgan al recreo.

Pura vocación, solidaridad, ganas de superarse y ayudar a los demás. Leonardo Nicanor Quinteros tiene 12 años y vive en una humilde vivienda del barrio Las Piedritas, en Pocito. Todos los días va a la escuela en bicicleta. Tarda media hora sólo en llegar, pero lo hace con gusto y no falta jamás. Su historia fue difundida y conmovió al país. 

Los chicos que asisten, lo hacen felices, sin obligación, sólo para aprender. "Me ayudó a pasar de grado", dice una de las pequeñas que asiste diariamente a 'Patria y Unidad'. 

“Es una emoción muy grande, yo no puedo creer lo que hace mi niño. Es un excelente chico. Jamás he tenido problemas con él. Solito ha salido adelante y ahora le está enseñando a los demás. A veces corta un lápiz en pedacitos, se los da a los chicos y así los hace escribir", dijo Ramona.

“Lo único que le pido a Dios es que me de vida para hacerlo estudiar lo que él quiera”, agregó la mujer visiblemente emocionada.

La primera ayuda a Nicanor, de la mano de su maestra

Cuando parecía que las donaciones llegarían en masa luego de que su caso recorriera los medios de todo el país, logrando cientos de mensajes de argentinos conmovidos por la historia, sólo "dos o tres" personas se acercaron hasta su casa para colaborar con el nene, aseguró su abuela. 

"La primera que vino fue su seño, le trajo algunas cositas, como lápices y útiles. Además, se cruzó al kiosco y compró pan para que los chicos pudieran tomar con el té. Además, gente humilde nos ha dicho que van a tratar de conseguir mercadería para darles la copa de leche y hacerles comida", dijo Ramona.

Leonardo Nicanor Quinteros tiene 12 años y vive en una humilde vivienda del barrio Las Piedritas, en Pocito. Con ayuda de su abuela, fundó su propia escuela en el fondo de su casa, con aulas, pizarrón, biblioteca, dirección, libro de asistencia, botiquín y hasta una campana para que los chicos salgan al recreo. 

"A veces corta un lápiz en pedacitos, se los da a los chicos y así los hace escribir; también busca las hojas que le sobran en el cuaderno y las reparte", agregó. 

 

 

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