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El Día del Periodista que aceleró los latidos del corazón

Guillermo "Memo" García Por Guillermo "Memo" García | 8 de Junio de 2019

No fue un 7 de junio más. Fue distinto. Muy distinto. Y no  fue sólo diferente porque la iniciativa de recordar a Claudia y Fernando surgió exclusivamente de los periodistas. Hubo otras sensaciones fuertes en la fresca mañana de ayer, en la Plaza Merced.

Esa sensible imagen de los padres de Fernando, junto a su hermana Andrea y la de Majo, Willy y Jorge, en primera fila, esperando que los colegas recordaran a sus seres queridos, generaba un desafío que se ponía casi a la par de la justicia de los reconocimientos a dos personas jóvenes, que nos dejaron de manera increíble hace muy poco tiempo.

El gesto a La Gorda y Fer, con un marco como hace muchos años no se apreciaba, fue apenas una sencilla y humilde demostración de admiración y respeto hacia dos amigos más que colegas. Tanto Leo Velasco, como Lucho Venini y Petaca Mollo, conjugaron con palabras certeras un ejemplo de madurez, aprecio sincero y legitimidad para los colegas recordados.

No fue fácil. Tampoco simple. Todos tuvimos momentos de profunda emoción como tal vez no esperábamos. Porque Fernando era por sobre todas las cosas un tipo muy feliz haciendo periodismo y una gran persona, que todo el tiempo transmitía buenas vibraciones, con una sonrisa prácticamente inmutable, sencillo y de quien se desprendía una serenidad que contagiaba.

Y de Claudia resulta imposible escribir y que no vengan a la cabeza los sabios y sanos consejos de una de las mejores analistas políticas de la historia del periodismo pergaminense. Una talentosa como pocas y noble periodista que en cada oportunidad, sin alardear jamás de su condición docente ni de su trayectoria, hablaba sin eufemismos sobre los avatares del trabajo periodístico, pero también de la vida, esa que compartía con un intachable compañerismo, un consistente sentido de amistad y su humor tan especial.

Ambos tenían algo en común: eran capaces de temblar de indignación cada vez que se cometía una injusticia. Y hoy el periodismo es parte de la cultura. Condensa las características y vive y sufre todas las transformaciones de su entorno.

El verdadero periodismo es el que se forja a partir del contacto constante con la gente, en la calle, afuera, donde se generan las historias todos los días. La dimensión humanística del periodismo radica en tratar de hacer la ciudad, el país, la vida más comprensible. Porque en esa compresión serán menos enemigos aquellos que tienen como única opción la confrontación permanente.

La gente está harta de los diarios de Yrigoyen, de las verdades oficiales y por esa razón produce optimismo y esperanza el surgimiento de algunos y la consolidación de otros nuevos medios de comunicación independientes.

La verdad es que los gobiernos de turno -cualquiera sea- buscan bloquearlos, se esfuerzan para neutralizarlos, pero la gente conoce otras vías para llegar y no dejar de leerlos, escucharlos o mirarlos.

¿Cambia eso una ciudad o un país? No sé sabe a ciencia cierta si en el corto plazo, pero a largo plazo irremediablemente que sí. Entonces, hay una esperanza que se nutre todos los días.

El autor es Jefe de Redacción de PRIMERA PLANA

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