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La "histeria" del dólar en la era Macri

El Gobierno anunció en enero que hasta los kioscos podrían vender dólares. La devaluación y las máximas de Sandleris, en una crónica que recorre nueve meses vertiginosos.

Mariano Confalonieri Por Mariano Confalonieri | 5 de Octubre de 2018

Parece que fue hace una década, pero sucedió este año. En enero, el dólar cotizaba a 18,76 pesos para la venta y el gobierno, apresurado por dar buenas noticias, habilitó a los kioscos a vender dólares. ¡Sí! ¡A los kioscos! Claro, la medida nunca se implementó. Pero hubo comunicado oficial. Increíble. Ahora, afortunado aquel que se puede hacer de dólares.

En abril empezó una corrida cambiaria que hasta hoy no está del todo controlada. La devaluación superó el 100 por ciento y por supuesto que el “pequeño ahorrista” ya no sólo no puede comprar dólares sino que casi no llega a fin de mes en pesos.

En el interín, aumentó la pobreza casi tres puntos. Y lo peor no pasó. Según admite el Gobierno, en el segundo semestre habrá más pobres que ahora, producto de la brutal devaluación y el aumento constante de todo, menos de los salarios.

Y el dólar arriba de 40 no es la única mala noticia. El Banco Central dice que bajará la inflación. Sí. A este ritmo va a bajar a costa de un golpe letal al bolsillo de la clase media, con altos subsidios a los más vulnerables, y con cero reactivación en la producción.

Con suerte, les irá bien a los exportadores (por ejemplo, de soja, cereales y granos). Pero la obra pública ya registra una caída importante y eso choca de frente con la generación de empleo y rompe un círculo virtuoso. El comercio minorista atraviesa, en el dialecto oficial, una “tormenta”. 

¿Quién asesora al nuevo jefe del Banco Central? “Ni loco salgo a comprar dólares en este momento”, dijo. ¿Se lo dirá a inversores, fondos de inversión o especulativos? Es una remake de otra célebre frase: “El que apuesta al dólar pierde”. 

El temor a quedarse sin dólares lo tienen todos los gobiernos. Y todos repiten la misma fórmula: les quieren hacer creer a los que atesoran dólares que no será negocio seguir haciéndolo. Pero es más una cuestión de fe que otra cosa.Cristina probó pesificando su patrimonio y obligando a hacer lo mismo a su gabinete. Pero no fue eso lo que frenó la salida de dólares sino el cepo.

El actual gobierno, contra todas sus creencias, instaló una flotación administrada que veremos cómo funciona. Claro, primero devaluó 100 por ciento. 

Mientras tanto, en el plano interno, Macri nos propone que amemos a Lagarde, la jefa del FMI. Y que aislemos a los “envilecidos” que están llenos de odio. No creo que el Presidente haya parafraseado a Hitler intencionalmente. Sí creo que intencionalmente profundiza la grieta, cuando se suponía que venía a unir a los argentinos. 

El autor es periodista, Jefe de redacción en El Intransigente, donde se publicó originalmente la columna. 

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