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La violencia aprendida

La agresividad es un instinto innato en el hombre y en los animales, mientras que la violencia es un producto humano fruto de la socialización y la cultura.

Patricia Raimundo Por Patricia Raimundo | 4 de Mayo de 2018

La agresividad es un instinto natural que el hombre lleva consigo desde su nacimiento y que comparte con los animales. Este instinto nos sirve para estar alerta, defendernos y adaptarnos al entorno. Por lo tanto la agresividad es biológica, instintiva y está regulada por reacciones neuroquímicas. Gracias a la cultura, modulamos ese instinto agresivo y lo convertimos en un instinto social.

La violencia no es un comportamiento natural del ser humano, sino que se trata de un producto cognitivo y sociocultural alimentado por lo roles sociales, los valores, las ideologías, los símbolos, etc. La violencia es, por tanto, una conducta aprendida y con una gran carga de premeditación e intencionalidad (la agresividad, en cambio, es inconsciente). La violencia es la transformación de la agresividad para hacer daño a otro ser humano. La violencia no es un problema que atañe sólo al individuo que la práctica.

Enfrente del individuo malhumorado, insensible y cruel, hay siempre otro ser humano que sin quererlo, se convierte en víctima de la injustificada ira de aquél que por una u otra razón, ha dejado de ver a su igual y a sí mismo como verdaderos seres humanos dignos de respeto, consideración y afecto. A veces, la miseria económica, la escasez de espacio vital, la desocupación forzosa, por sobre todo la falta de amor, la incomunicación y quizás la influencia de los modelos fragmentarios y carentes de sentido que irradia una pantalla televisiva permanentemente encendida, confluyen en una miseria moral que se concreta en malos modos y peores acciones. Desgraciadamente para algunas personas, el vínculo afectivo que les une a aquéllos con los que conviven puede transformarse en una prisión cuyos muros son más difíciles de saltar que los de cualquier cárcel real.

Estamos hablando de la violencia interpersonal que tiene lugar en los ámbitos de la convivencia cotidiana; un fenómeno oscuro y escurridizo que requiere reflexión.  Violencia de género, a quien fue puesto durante mucho tiempo en un lugar de cosa y no de persona en nuestra sociedad occidental, la mujer, los homosexuales, los transexuales, cuando deberían ser integrados como personas y, por sus valores, sus virtudes ,su humanidad no marginados por su identidad sexual.

Violencia escolar ( bulling), hoy muy frecuente entre niños y adolescentes que evidentemente copian modelo que se repite en sus casa y en otros lugares sociales, ejerzan  poder sobre aquellos más vulnerable. Esto es evitable,  en las instituciones se deberían generar espacios donde los docentes, capten a aquellos que por su personalidad se aíslan  o actúan diferente a la mayoría y hablar sobre el respeto a la diversidad, a la unicidad, integrar no implica que seamos todos iguales, si no aceptar las diferencias.

Como proceso del cerebro la memoria se activa por recuerdos emocionales, estas personas que han vivido estas situaciones de tanta violencia en un momento de desarrollo van a acarrear dificultades relacionales y conductuales en el futuro, y evitarlo es responsabilidad de todos.

Violencia laboral (Mobbing) tan de moda estos término así como la violencia de la cual mucho se dice y poco se hace. Esto ocurre en instituciones, tanto públicas como privadas, y las autoridades deberían poder detectar a aquellos que generan estas situaciones con lo cual mejorarían el servicio así como el bienestar de quienes trabajan allí. En estos caso la víctima es alguien que se destaca, por eficiencia, por formación tan escasa en estos tiempos, y generan un sentimiento de envidia en un superior próximo, quien comienza una tarea de generar rumores, le retira la palabra, se lo aisla, se le va quitando trabajo, o dándole tareas que no corresponden, se lo humilla de manera solapada. Como parte de un superior muchos compañeros por lo que se llama temor reverencial siguen el juego, otros por miedo a perder su lugar, otros por pertenecer. La víctima, primero cree que lo va a soportar, con el tiempo comienza a angustiarse y a somatizar, ya que no puede vincularse con el entorno, lo agreden , y nadie le habla. Es difícil de demostrar. Hoy existe como grabar conversaciones, agravios, llevar escribano a los lugares de trabajo para certificar que no tiene donde trabajar, o el trabajo que se le asigna no es el que corresponde, certificación de especialistas que demuestre el daño psíquico o moral. Esto es desgastante y cruel donde no existe ventajas para nadie. Sólo es producto de la envidia e incompetencia de alguien que no es inteligente, pero está en un lugar de poder.

La autora es Especialista en psiquiatría y psicología clínica. MP 62951 MN 158734

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