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¿Por qué defender al Maiztegui?

Mercedes Maiztegui Por Mercedes Maiztegui | 31 de Enero de 2019

En cuestiones de confianza, uno elige. Es una decisión basada en sentimientos, pero también en conocimiento y experiencias. Uno debe elegir, para poder accionar.

Comprometernos en una acción en la que no somos especialistas requiere confiar en quienes SI lo son. Yo elijo confiar en las personas que se formaron en y con el Instituto Maiztegui, en personas que saben sobre los esfuerzos y trayectoria de una institución de más de 40 años, que pasó por diversos momentos políticos e históricos, con altibajos pero siempre luchando y buscando excelencia. Y como dicen ellos mismos, el mayor legado de mi padre: luchar por la salud pública.

La decisión política que afecta el funcionamiento de una institución de tantos años de trayectoria en una actividad como el diagnóstico del Hantavirus, sin justificación técnica suficiente, en un momento político de grandes recortes donde la virtud parece ser el ajuste y no el crecimiento, no puede inspirarnos más que tristeza y desconfianza.

Por eso entiendo como compromiso moral la defensa del INEVH Maiztegui.

Soy la cuarta hija de Julio. Mi vida misma refleja en gran medida las decisiones tomadas por mi padre. Llegamos a Pergamino en el año 1964; mi papá había recibido una propuesta de trabajo para radicarse en Pergamino, zona endémica del virus Junin, así llamado en ese entonces. Volvimos de Estados Unidos, donde seguramente a él le esperaba un gran futuro profesional y económico, y aquí nos quedamos, estudiando, trabajando, creciendo como familia.

Fui testigo directo del enorme esfuerzo de tantas personas... algunas ya no están. Asumo entonces la representación de de los que ya no pueden hacerlo, con la convicción que me enseñaran, reclamando inversión pública en salud e investigación científica y la restitución de las capacidades quitadas al INEVH, en mi abrazo del viernes 1 de febrero, y todos los días que pueda hacerlo, desde mi sentimiento indiviso.

No puedo discutir conceptos técnicos ni científicos. Sobre esto ya se han pronunciado suficientemente los especialistas. Pero SI desde el sentimiento y el conocimiento de la trayectoria de esta institución.

Mi padre, su secretaria Mirta en su labor incansable, Estribou y Mai en los jeeps y el rastrojero, Marta con su tonada cordobesa, Barrera Oro con su humor en voz alta, Maria, Ana , Ana María, Maria Rosa, Laura, Silvana, el Chino, Maria del Carmen, Diki y tantos otros forman parte de mi memoria de chica y de adolescente.

Porque mi confianza está con los verdaderos protagonistas: los profesionales, los técnicos, los administrativos, los enfermeros y enfermeras, todo el personal que creció con esta institución y la hace grande.
Porque doy fe y fui testigo de que todo lo hecho fue logrado a pulmón.

Porque el INEVH garantizó que la gente de la zona endémica del Mal de los Rastrojos (Fiebre Hemorrágica Argentina) fuera atendida inmediata y gratuitamente, salvando cientos de vidas. La gente de campo lo recuerda bien; fueron también ellos los que apoyaron las campañas de prevención, donación de plasma y voluntariado de vacunación, siendo los primeros afectados.

Porque costó mucho sacrificio personal e institucional llegar a lo que hoy es el Instituto, reconocido local, nacional e internacionalmente.

Porque la salud pública es un derecho fundamental, y tenerla aquí, tan a mano, es una garantía para todos.
Apoyar es elegir. Yo elijo apoyar a quienes trabajan aquí todos los días. Respeto su labor y esfuerzo.

¿Cómo podrían saber quienes hoy apenas están de paso en funciones burocráticas provisorias, del dolor que representa que impidan hacer algo tan valioso para la comunidad toda, después de décadas de estudio e investigación detrás de la excelencia?

Debemos reclamar el respeto de una institución que empezó a forjarse en los años sesenta, basada en la necesidad esencial de proteger la vida.

Fue aquí que murieron los primeros a causa de la fiebre hemorrágica, algunos de ellos familia de mis amigos.
Fue aquí que se trabajó siempre a pesar de la precariedad de los edificios y la pobreza de los instrumentos, con el virus Junin, el plasma de convalecientes y los enfermos.

Asumo entonces en mi nombre y en el todos los que ya no están y no pueden hacerlo, además de todos los que quieran acompañarme, el viernes 1 de febrero a las 11 en Monteagudo 2510, Pergamino, el compromiso del abrazo en defensa del Maiztegui que la institución y Pergamino se merecen.

Abracemos al Maiztegui.

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