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El grito sagrado

Guillermo "Memo" García Por Guillermo "Memo" García | 20 de Noviembre de 2023

Con absoluta normalidad y en una jornada ejemplar, sin denuncias formales de fraude -al menos en la Justicia, donde deben radicarse cuando las sospechas son serias y no una vulgar estrategia de campaña- y la participación de más del 75 por ciento del electorado, los argentinos y argentinas eligieron nuevo presidente: Javier Gerardo Milei, quien el 10 de diciembre se hará oficialmente cargo del Ejecutivo Nacional.

El domingo el país pegó el grito sagrado que cada un par de años germina de las urnas y se inclinó por el candidato de La Libertad Avanza, en el 40º aniversario de la democracia argentina.   

Más allá de los favoritismos en el balotaje, fiebres de cada espacio político y los problemas de estos años, desde alzamientos militares hasta crisis económicas y políticas, el país siempre halló una salida institucional en resguardo del sistema. Ese es un logro colectivo para celebrar. La madurez de esta democracia significa que quienes tienen hasta 40 años no conocen, por fortuna, otro tipo de Gobierno, aunque a veces, tiene una contracara: no valorarla lo suficiente.

La elección del domingo no registraba antecedentes. No había sensación de paridad tan exasperante ni un duelo de nervios semejante. La polarización fue brutal y atravesó a la sociedad transversalmente. No fue una disputa de sectores de clase, no fue una pulseada territorial, no fue una batalla marcada de identidades políticas fuertes, no hubo contraste en franjas de edad. Javier Milei se convierte en el presidente electo de la Argentina como emergente de un poderoso cambio cultural en la sociedad cruzando por encima de todo eso. Fue quien aglutinó en su gestualidad y en su discurso una corriente de hastío que pasa por arriba y rompe todas las variantes conocidas en la oferta electoral de la democracia argentina.

Las dirigencias políticas tendrán que examinar, como en 2001, qué es lo que se juega en el campo de la representación democrática.

Lo cierto y real es que a partir de ahora se abre una fase nueva en el sistema político argentino. En esta etapa seguramente se reorganizarán todas las expresiones políticas, situación que se debe acelerar por el riesgo latente de caer en una hiperpolarización, una situación probablemente mucho más explosiva de la que se transitó en las últimas dos décadas. La forma de evitarla requiere además de las respuestas de coyuntura un ojo puesto en un porvenir que parece esquivo.

Desde la noche del domingo la Argentina tiene un presidente electo. Ojalá, también, una nueva esperanza.

 

*El autor es periodista, integrante de PRIMERA PLANA y de RADIO MAS (FM 106.7 - www.maspergamino.com.ar)

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