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    27 de Mayo de 2024
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Enrique Illia: “La cocina de mi casa era como un comité Radical”

Un genuino representante de la generación que luchó por la democracia, donde en algún momento todo era un sueño revolucionario

Enrique Illia, más allá de pertenecer a una de las familias que enorgullecen a la historia de nuestra ciudad, siempre fue un militante comprometido, desde aquellos años tan difíciles de principios de la década de los ‘70.

No le fue fácil, en los años de Onganía (aquí De Napoli) en que sufrió la represión, pero no se detuvo en el andar de sus claras ideas de libertad, Justicia social y democracia (con todas y todos los que pensaban como el, sin absurdas “grietas”, lo que aprendió desde muy pequeño en aquella quinta alejada de la ciudad) que fuera la casa natal de su tío, el expresidente de la Nación Don Arturo Illia.

Es médico, reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero siempre recuerda Pergamino.

 

- ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia y adolescencia en nuestra ciudad?

- Mis recuerdos de la infancia y adolescencia están referidos al barrio Oeste, todas calles de tierra, incluida la avenida que llevaba el nombre de mi abuelo, Martín (con un horno de ladrillos) junto a mi abuela Ema, fueron los que se instalaron y dieron origen a la familia, a la Quinta, en la que nací y viví con mis padres y hermanos hasta los 19 años, hoy Museo Casa Natal Arturo Illia (en aquel momento una chacra desde la calle Becerra y la avenida donde está la casa, hasta bulevar Buenos Aires y calle Alsina junto a las vías, 20 hectáreas. Se sembraba algún cereal, teníamos caballos, tambo, vacas con terneros (que mandaba mi abuelo Marcelino Sierra desde Rancagua); se ordeñaba, se hacía manteca, teníamos gallinas, una chancha, árboles frutales, había una laguna (del Virrey Sobremonte, cuentos de la época) todo eso era un gran lugar de exploración, conocimiento y aventuras.

Fui al colegio primario N° 18, como todos mis hermanos y todos los chicos del barrio y de la zona de Quintas, mucha libertad, mucho juego, sobre todo futbol, teníamos una canchita (club Sarmiento) en la que no perdimos ningún campeonato, teníamos tareas, cultivábamos nuestras verduras, nos ocupábamos del cuidado en el parque, hacíamos algunas changas en las quintas, en la época de cosecha, y algún trabajo, como peón de albañil. El lugar de encuentro era el almacén de Belardo, frente a nuestra casa, despacho de bebidas y despensa; venían del barrio 12 de Octubre, de Los Hornos y las Quintas, personas humildes de trabajo, muchos habían venido desde las provincias del litoral y del Norte. Los fines de semana se tomaba un poco más, algunas peleas y nosotros en el medio de todo ese clima.

También Rancagua, el campo de mi abuela Victoria Sierra, gran mujer, lugar de encuentro, tíos, primos, tareas rurales, juego, diversión, mucha naturaleza.

La adolescencia está ligada al Colegio Normal; curse hasta tercer año y al Nacional, cuarto y quinto. En estos años ya inicié actividad político-gremial estudiantil. Queríamos recuperar la democracia y enfrentábamos la dictadura de Onganía y a su representante De Napoli, en Pergamino. Junto con otros sectores, realizamos movilizaciones importantes sobre todo en 1970, para el aniversario del Cordobazo y una huelga gremial; fuimos reprimidos muy duramente,

También en defensa del viejo mercado que estaba en la manzana frente al Roma, entre Mitre y Pueyrredón, se generó un movimiento, en el que participaron sectores políticos y gremiales que confrontaban con la dictadura y sus representantes. La consigna era la no venta del lugar, no privatizarlo, y pintábamos 90 (no venta).

En la primera etapa del secundario, sentí que había cierta diferencia, era del barrio, no era del centro, después me adapté, las primeras novias, la política y el fútbol, jugué en Racing de Pergamino en todas las divisiones. Cuando fui a estudiar a La Plata había empezado a jugar en la primera.

Claramente cuarto y quinto año del Nacional (Promoción 1970), fue lo mejor, mucha intensidad, muy buenos amigos, con los cuales mantenemos relación.

 

-¿Cómo fue ser integrante de esa gran familia y sobrino de Arturo?

- Básicamente ser parte de una familia política, la cocina de mi casa, era como un comité Radical. Mi viejo "Morocho" Martín Illia, era un caudillo de barrio, al cual, con once años, acompañé en el ‘63 a hacer la campaña por Arturo su hermano, candidato a presidente; recorrer las casillas de la costa del Arroyo, las del Barrio 12 de Octubre, las casillas que estaban entre las plantas sobre calle en la costa de la vía, ver como lo recibían, el afecto, luego entendí; él junto a mi madre Lidia Sierra (maestra, profesora de Educación Democrática de muchas generaciones). Ellos se ocupaban del barrio, de los problemas, eran los gestores de sus demandas, hacían tarea social, enseñaban a que pelearan por sus derechos.

La política, la conciencia social, son constitutivas de mi persona, es la herencia que recibí, de la cual nunca me voy a olvidar.

 

- ¿Qué legado te dejo el expresidente de la Nación?

- Arturo Illia transmitió la concepción de la política como un servicio para la sociedad. Fue un demócrata, entendió y puso en práctica que la democracia era el Gobierno del pueblo, para el pueblo, por el pueblo, concepto que a su vez mi madre nos transmitió como profesora, incluso mía, cosa que al principio me daba vergüenza, (madre y profesora, era mucho).

Arturo conocía y amaba Argentina y su pueblo, tenía un profundo apego a la Constitución y a la ley. Fue un defensor de la paz y la democracia.

Defendió los recursos naturales, mantuvo una política internacional independiente, logró la resolución 2065 de Naciones Unidas que obligaba al Reino Unido a discutir la soberanía de Malvinas, comercializó con China y la URSS, en la época de la cortina de hierro, cuando Argentina no tenía embajada en esos países.

En 32 meses de Gobierno puso en marcha un Plan Nacional de Desarrollo, aumentó el presupuesto de educación, creció el PBI, distribuyo el salario, sancionó la ley del salario mínimo vital y móvil, la ley de medicamentos, pago parte de la deuda externa, anuló los contratos petroleros, y fue una época de gloria para ciencia y la investigación, frustrada con la noche de los bastones largos con la intervención de las universidades por Onganía y la fuga de científicos e investigadores.

Sí, existió algún cuestionamiento por el origen de su Gobierno. Creo que, salvo esa cuestión con la gestión, que para mí también tuvo que ver con sus orígenes, en los cuales la humildad, la austeridad y la honestidad, era lo que él aprendió.

 

- Cuando volves a Pergamino ¿cuáles son los lugares que más te gusta recorrer y por qué?

- Vuelvo periódicamente y me gusta todo, añoro esta ciudad.

Tengo poca vida social, en general vuelvo por actividades vinculadas a la Casa Natal y a la Fundación Arturo Illia. Comparto con mi hermano Guillermo, un sobrino Francisco, un primo Jorge Gallo, mi tía Manuela, hermana de mi madre.

Me quedo en la casa de mis padres, frente a la Quinta, lo cual me contacta con el barrio.

Las actividades que organizamos en la Casa Natal me conectan con los integrantes de las entidades y con un sector de la sociedad que de a poco va tomando conocimiento del museo.

Por historia tengo muchos amigos de la política con los que comparto, seguramente me estoy perdiendo mucho de la actividad cultural, siempre me asombra el nivel de actividad, el movimiento, el crecimiento de Pergamino.

 

- ¿Qué cambiarías de la ciudad en la que está la casa de la familia Illia?

- Más que cambiar trataría de mejorar, es una de las propuestas que pretendemos impulsar de la Casa Natal y la Fundación Illia, proponer a las entidades y poner en debate temas que mejoren la calidad de vida.

Ordenar el transporte y el tránsito, involucrar a todos los actores sociales, a la sociedad civil, con un objetivo básico que es disminuir la cantidad de accidentes, intervienen los medios y las vías de transportes, que no sean contaminantes, mayor cantidad de líneas, mayor frecuencia, para disminuir el uso de vehículos particulares, abordar el problema del estacionamiento construyendo estacionamientos públicos, más iluminación y cámaras, más agentes de tránsitos mejor distribuidos, obligación del uso de casco y cinturón de seguridad, mejorar la señalización, educación vial en los colegios primario y secundario, cartelera preventiva a la salida de las estaciones de servicio, utilizar la pauta publicitaria para financiar una campaña que tenga el mejor diseño, sé que hay un punto débil que es la cantidad de motos que actúa como transporte casi público viajan 4 o 5 personas.

Un tema a pensar si no habrá que poner transportes públicos con determinados recorridos para llevar y buscar los chicos al colegio.

Existen cuestiones comunes en los cuales es la comunidad en un sentido amplio al sentirse parte de la solución, interviene, participa, mejora, pensar en acuerdos.

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