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Una vida de disfrute y conquistas sobre dos ruedas

“Tanto en el deporte como en la vida, no me quedó nada por cumplir porque todo lo que me he propuesto lo pude lograr”, dijo Raúl Luján Labbate

Raúl Luján Labbate es un pergaminense que con constancia y dedicación triunfó en el mundo del ciclismo, con trascendencia en un legado que deja su nombre puesto en los escalones más altos a nivel nacional e internacional.
En diálogo con SEMANARIO EL TIEMPO, contó más acerca de su familia, su infancia, todos sus logros deportivos y de cómo, día a día, transita su presente con felicidad.


- ¿Qué destaca de su infancia y adolescencia en Pergamino?
- En mi infancia y adolescencia vivíamos en una casa en Larrea y Urquiza, al lado de donde vivían mis abuelos paternos y todos mis primos: Labbate y Perrotta. A 5 cuadras vivían mis abuelos maternos y mis primos: los Bonavita. Una hermosa infancia de la época de jugar en la calle, de tener la libertad de que nuestros padres solamente nos decían: “tratá de que no se te haga de noche al volver” y de jugar al fútbol en los potreros. Recuerdo a mis amigos del Club Juventud donde jugué al fútbol y al básquet. Fue una hermosa infancia.

-¿Cómo es su presente y qué destaca de él?
- Actualmente estoy jubilado y hace poco dejé de trabajar en Coach, después de 23 años. Además, tengo una pequeña empresa junto a un amigo, Mariano Escalante, donde hacemos líquido antipinchaduras para las cubiertas, también vendemos repuestos de válvulas, cintas, aceites y todos los productos para las bicicletas. La firma se llama Spirit y anda bastante bien en el mercado.

- ¿Cómo fueron sus primeros pasos con la bicicleta?
- A los 14 años hice mi primer salida en bici; fue un 24 de diciembre. Luego, el 2 de abril del 67, corrí mi primer carrera en la placita San Martín del Barrio Centenario.
Como todos los inicios, fue duro. Trabajaba con mi papá de albañil y, cuando tenía tiempo, trataba de salir a pedalear. Por otra parte, cuando empecé tuve dos maestros que me enseñaron y ayudaron mucho: Juan Ranuzzi y Víctor Muzzioli, ellos eran referentes de la zona. También, nos entrenaban y nos llevaban a las carreras.

- ¿Nota cambios en el ciclismo actual con respecto al de antes? ¿Siente que el avance de la tecnología realizó cambios tanto positivos como negativos?
- La industria del ciclismo ha evolucionado mucho. Hoy todo es carbono y más liviano, hay grandes cambios en las bicicletas, algunos muy buenos y otros no tanto. En el mercado argentino algunas cosas son caras y no se justifican, pero todo ha cambiado. La diferencia es como si fuera de un Ford Falcon a un Mustang.
A su vez, el ciclismo actual es diferente al que practicábamos; no es que sea mejor o peor, sólo diferente. En Europa, por ejemplo, conducen con un handy y cada corredor tiene uno, mientras que un técnico (que lo ve por televisión) les indica qué hacer. En nuestros tiempos, uno tenía que pensar cómo solucionar sus problemas.

- ¿Cuáles fueron sus mayores logros como ciclista?
- Toda la vida deseé ser campeón argentino y lo logré en Salta en el año 72. Luego, he ganado un montón de carreras de un día, (Buenos Aires - Pergamino o Rosario - Cruz del Eje). También triunfé en importantes carreras por etapas como La Vuelta del Valle, La Vuelta de Mendoza, La Vuelta de Uruguay, que duraban entre 10 y 12 días.
A su vez, tengo una gran satisfacción de haber estado durante 10 años en la Selección Argentina y correr en Juegos Panamericanos, dónde ganamos medallas de bronce, trasandinos, rioplatenses y tres campeonatos del mundo en Montreal 74, Venezuela 77 y Alemania 78. Como también participar en vueltas por etapas en varias partes del continente.
Pero el regocijo máximo fue culminar con lo más grande que un deportista puede tener, que fue participar en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.

- ¿Cómo continuó su vida luego del ciclismo profesional?
- A los dos meses de que dejé de correr me casé, empecé a trabajar con un camión de mi propiedad y después seguí en la Quilmes, una distribuidora que tenía Diego Capdevila, una muy buena persona. En el año 2000, comencé junto a Edgardo Gattellet a vender indumentaria de ciclismo para la empresa que él había fundado: Coach Argentina, que hoy continúa.

- ¿Considera que cumplió todas su metas o le quedan por cumplir?
- Tanto en el deporte como en la vida, no me quedó nada por cumplir porque la verdad que todo lo que me he propuesto lo pude lograr.
Hoy tengo a mi pareja y a mis tres hijos: Romina, Lucas y Evelyn y un hijo del corazón, Nicolás. También tengo 2 nietos que se llaman Caetano y Amadeo. Actualmente, salgo a pedalear, a divertirme con un grupo de amigos que salimos tres veces por semana y también voy a todas las carreras que puedo.

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