Sociedad

¿Qué es de la vida de Eduardo Pettinari?


19 de Junio de 2026 | Semanario El Tiempo

Hay recuerdos que el paso del tiempo no logra borrar. Para Eduardo Pettinari, algunos de ellos siguen tan vivos como cuando tenía apenas quince años y caminaba los pasillos de la Escuela Industrial. Allí no solamente aprendió un oficio e incorporó conocimientos técnicos. Allí encontró amistades que durarían toda la vida, descubrió el valor del esfuerzo compartido y comenzó a forjar una manera de entender el mundo que décadas después seguiría guiando cada uno de sus pasos.
 
Arquitecto de profesión, productor agropecuario por circunstancias de la vida, dirigente comprometido con distintas instituciones y hombre de familia, Pettinari construyó su historia apoyado sobre pilares sólidos. Sin embargo, cuando repasa su recorrido, vuelve una y otra vez a aquellos años de juventud en la Escuela Nacional de Educación Técnica. Porque fue en esas aulas donde empezó a tomar forma gran parte de lo que sería después.
Nacido el 18 de abril de 1956, hijo de Eduardo Juan y Norma Chamut, creció en un hogar donde el esfuerzo diario era una enseñanza tan importante como cualquier lección escolar. Junto a sus hermanos María Elena y Franco transitó una infancia sencilla, rodeado de afectos y valores que lo acompañarían para siempre.
 
 
El orgullo de ser Técnico Mecánico
 
Tras cursar sus estudios primarios en la Escuela Nº 4 llegó el momento de ingresar al Industrial. Sin imaginarlo, esa decisión terminaría influyendo en toda su vida. La exigencia académica, los talleres, las horas de práctica y la formación técnica le brindaron herramientas que más tarde resultarían fundamentales en su desarrollo profesional. Pero hubo algo aún más importante: el sentido de pertenencia.
 
Cada vez que recuerda a la promoción 74, la emoción aparece inevitablemente. “Siempre voy a sentir el orgullo de ser Técnico Mecánico”, asegura. Aquellos compañeros dejaron de ser simples estudiantes para transformarse en una verdadera familia. Los encuentros continúan hasta el presente, alimentados por una amistad que resistió el paso de los años, las distancias y las distintas etapas de la vida.
 
Algunos ya no están físicamente, pero siguen ocupando un lugar permanente en la memoria y el corazón del grupo. “La capacitación era tremenda, pero lo más importante fue la calidad humana. Mi grupo de amigos son mis hermanos de la vida”, cuenta emocionado.
 
 
Una historia de amor que lleva más de cinco décadas
 
Siempre participativo y comprometido con las actividades sociales, la vida le tenía preparado otro capítulo fundamental. Al finalizar el secundario conoció a quien se convertiría en su compañera de toda la vida: Rossana Passaglia. Ella eligió estudiar Medicina. Él Arquitectura, una carrera que aparecía como síntesis perfecta entre la creatividad y la formación técnica que había recibido.
 
Sin saberlo, ambos comenzaban a escribir una historia que ya supera las cinco décadas. Los años universitarios estuvieron atravesados por sacrificios, largas jornadas de estudio y la construcción de nuevos sueños. Eduardo recuerda aquella vieja facultad donde los galpones de chapa y fibrocemento funcionaban como aulas improvisadas. También recuerda los viajes a dedo, las comidas compartidas en los comedores estudiantiles y el enorme esfuerzo que realizaban sus padres para sostenerlos.
 
En diciembre de 1983 regresaron juntos a Pergamino. Volvían convertidos en profesionales, pero sobre todo en dos jóvenes decididos a construir una vida en común. Comenzaron en un pequeño cuarto y desde allí levantaron los cimientos de una familia que con el tiempo se transformaría en su mayor orgullo.
 
Llegaron sus hijos: Estefanía, Eduardo y Juan Ignacio. Más tarde aparecerían los nietos, quienes hoy representan una nueva generación que continúa el legado familiar: Fermín, Amelia, Juan Martín y Catalina.
 
 
La arquitectura como forma de vida
 
Mientras tanto, la arquitectura comenzaba a ocupar un lugar central en su historia. “Elegí mi carrera pensando en mi futuro, en un trabajo que me diera independencia y libertad”, recuerda.
 
Los primeros pasos llegaron cuando aún cursaba quinto año en Rosario. Más adelante, José Navailles también formaría parte de sus comienzos profesionales, brindándole oportunidades que le permitieron ganar experiencia y forjar su propio camino.
 
Las obras pequeñas fueron dando lugar a proyectos de mayor envergadura. “La arquitectura me permitió darle a muchas personas un espacio donde convivir con sus familias. Terminás creando un hogar y eso tiene un simbolismo que moviliza”.
 
Después de décadas de profesión, le resulta imposible elegir una obra por encima de otra. Cada proyecto guarda una historia y un desafío. Sin embargo, existe un recuerdo que ocupa un lugar especial: su participación en la construcción de la cancha de Club Atlético Douglas Haig.
 
La pasión y el amor heredados de su tía Elvira por la institución hicieron que esa experiencia quedara grabada para siempre. “Todo se hacía a pulmón. Te daban ganas de participar porque sentías que todos trabajábamos codo a codo por un mismo objetivo”.
 
 
Del estudio al campo
 
La vida también lo llevó por caminos inesperados. Junto a Alberto “Beto” Passaglia incursionó en la actividad agropecuaria, desarrollándose tanto en agricultura como en ganadería. Una vez más aparecieron los valores heredados de sus padres y la formación práctica adquirida en el Industrial.
 
“Ese colegio te enseñaba a hacerte cargo de cualquier situación y a encontrar soluciones”, explica. Tras años de trabajo en el campo, también llegó el momento de retirarse de esa actividad.
 
Hoy transita una etapa más tranquila. Comparte sus días junto a Rossana, disfrutando de una vida serena, rodeado de afectos, amigos y recuerdos. Sabe que está dando sus últimos pasos dentro de la arquitectura, pero lo hace con la satisfacción de quien cumplió sus objetivos.
 
“La arquitectura es la foto más importante dentro de la película de mi vida. Me permitió criar a mis hijos y darles un buen pasar. Hoy camino por las calles de Pergamino, veo edificios construidos por mí y siento que pude colaborar con mi granito de arena”.
 
Quizás allí resida la esencia de Eduardo Pettinari. En haber entendido que construir no significa solamente levantar paredes. Significa crear vínculos, formar familias, sostener amistades y dejar una marca positiva en la comunidad. Una vida construida, ladrillo por ladrillo, con trabajo, esfuerzo y amor.


Si todavía no recibís las notificaciones de PRIMERA PLANA, mandanos un Whatsapp al 2477.506005 con la palabra ALTA y pasaráas a formar parte de nuestra base de datos. ¿Más fácil? Hacé click en el siguiente enlace https://wa.link/3b57du.

También te puede interesar
La alumna más querida: a los 93 años decidió terminar la escuela primaria

Mientras muchos jóvenes dudan sobre continuar o no sus estudios, una mujer de 93 años decidió demostrar que nunca es tarde para aprender. Su nombre es Amalia María Díaz y este año tomó una decisión que emociona a toda una comunidad: volver a la escuela para terminar la educación primaria que la vida le obligó a abandonar

Unicef: la pobreza infantil bajó a niveles de 2018, pero se proyecta un rebote para este semestre

Un informe de Unicef Argentina advirtió que, en el segundo semestre de 2025, el 42,3% de niñas, niños y adolescentes vivía en hogares con ingresos por debajo de la canasta básica total, mientras que el 9,4% se encontraba en situación de pobreza extrema. No obstante, estos valores representan una caída por tercer semestre consecutivo respecto del

Solo el 0,09% de las investigaciones penales corresponden a falsas denuncias, según un informe federal

Un informe elaborado por el Consejo Federal de Política Criminal puso en discusión uno de los principales argumentos utilizados para impulsar el proyecto sobre “falsas denuncias” que promueve la senadora nacional Carolina Losada. Según el relevamiento, las denuncias falsas representan apenas el 0,09% de las más de ocho millones de