¿Qué sucede realmente cuando posponemos la alarma? Aunque es una práctica común, especialmente en épocas de mucho cansancio como las actuales, los científicos han ido más allá para analizar el impacto de esta costumbre.
Un estudio de la Universidad de Estocolmo puso en duda la idea de que posponer la alarma sea negativa para nuestra salud, y expertos defienden un método gradual para el despertar. Sin embargo, otros especialistas alertan sobre los efectos de la inercia del sueño.
El trabajo, realizado con más de 1700 participantes, analizó los hábitos de sueño y cómo los despertadores repetidos afectan al cerebro y el rendimiento. Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que quienes posponen la alarma, incluso varias veces, no solo no sufrir efectos negativos en la calidad o cantidad de sueño, sino que, en algunos casos, podrían beneficiarse de un mejor rendimiento cognitivo al despertarse.
El estudio de la Universidad de Estocolmo encontró que los participantes que posponían la alarma varias veces tenían niveles de cortisol —una hormona asociada al estrés y la vigilia— más elevados a la hora de despertar, lo que les ayudaba a comenzar el día con mayor energía. Además, los participantes que realizaron pruebas cognitivas después de despertarse mostraron mejores resultados en comparación con aquellos que se levantaron sin permitir este despertar gradual.
El médico neumonólogo y jefe del Laboratorio del Sueño en el Hospital de Clínicas, Facundo Nogueira, había descrito en una nota a Infobae sobre la inercia del sueño como una sensación de somnolencia y desorientación que ocurre al despertar bruscamente durante la última fase de sueño. Según Nogueira, esta inercia se caracteriza por una falta de concentración y energía que puede durar varias horas.
Posponer la alarma repetidamente, en su mirada, solo empeora este estado, ya que el cerebro reinicia el ciclo de sueño cada vez que se vuelve a dormir, lo cual interrumpe la continuidad del descanso y prolonga la fatiga durante las primeras horas del día.
Ambos especialistas coinciden en que la inercia del sueño y la interrupción del ciclo natural del descanso pueden perjudicar tanto la calidad del sueño como la capacidad de concentración y el bienestar físico y emocional durante el día.
Además, es aconsejable evitar el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir, ya que la luz de las pantallas puede interferir con la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. También sugieren crear un ambiente adecuado para el descanso, manteniendo la habitación oscura, fresca y silenciosa.
Otra recomendación es optar por un despertador de luz progresiva, que simula el amanecer y permite un despertar menos brusco, reduciendo los efectos de la inercia del sueño y ayudando a comenzar el día con más energía.
Como siempre, lo más importante es prestar atención a las señales del cuerpo y adaptar los hábitos de descanso para garantizar un sueño continuo y reparador.
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