Un estudio reciente de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) reveló que las chicas perciben con más intensidad los efectos negativos de Instagram y TikTok sobre su bienestar psicológico que sus compañeros varones.
Mireia Montaña, coautora del estudio y miembro del grupo GAME de la UOC, señaló que “las adolescentes tienen una percepción más crítica y a menudo más negativa del impacto de las redes sociales en su bienestar, posiblemente porque se exponen en ellas más intensamente y sienten más presión por la apariencia y la validación externa”.
Aunque algunas participantes valoran ciertos beneficios, como la posibilidad de encontrar apoyo o espacios para compartir experiencias similares, la exposición constante a cánones de belleza idealizados y comparaciones permanentes afecta su autoestima de forma persistente.
Las dimensiones mejor valoradas por los encuestados fueron la capacidad de organización colectiva (3,52), la pertenencia grupal (3,51) y la posibilidad de expresarse tal como son (3,48). Por el contrario, las peores puntuaciones se observaron en el bienestar psicológico y en la comunicación con personas adultas cercanas (ambas con un 3,06), sin apenas diferencia entre chicos y chicas en esta última categoría.
También se detectaron diferencias entre usuarios y no usuarios de las plataformas. Quienes usan Instagram valoran más positivamente aspectos como la pertenencia grupal y la capacidad de expresarse, mientras que los usuarios de TikTok destacan la aceptación de normas sociales y la expresión personal como dimensiones más satisfactorias.
TikTok, a diferencia de Instagram, no está pensada como una red para interactuar socialmente, pero los adolescentes encontraron maneras de generar vínculos, aún dentro de una lógica algorítmica muy cerrada.
Mónika Jiménez, investigadora principal del estudio y miembro del grupo CAS de la Universitat Pompeu Fabra, advirtió que “los contenidos sobre moda y belleza que el algoritmo suele ofrecer por defecto a las chicas tienen una clara incidencia sobre su imagen corporal o su autoestima”.
A los chicos, en cambio, se les sugiere contenido relacionado con deportes, videojuegos y conductas agresivas, “lo que consolida la idea del hombre dominante vinculado a la masculinidad tóxica, con pocos espacios para mostrar sus emociones”.
Esto, según las autoras, limita la capacidad crítica de los adolescentes respecto a las convenciones sociales y refuerza modelos que pueden ser dañinos. El algoritmo no solo selecciona contenido: moldea identidades, conductas y expectativas.
Jiménez, por su parte, subrayó la necesidad de dotar a los adolescentes de herramientas para entender y gestionar la “dictadura algorítmica”. Hasta ahora, no existen estudios que determinen con precisión si los jóvenes disponen de los recursos necesarios para enfrentar estos desafíos, pero esta investigación abre la puerta para empezar a construirlos.
La investigación ofrece una mirada inédita y cuantitativa sobre la percepción que tienen los adolescentes respecto al impacto de Instagram y TikTok. Sus hallazgos no solo invitan a reflexionar sobre el papel de las redes sociales en la construcción de la identidad juvenil, sino también sobre la urgencia de abordar estas plataformas con más pedagogía, más diálogo y menos algoritmos inapelables.
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