Columna de opinión
Edad de imputabilidad: distinguir para decidir con responsabilidad
06 de Febrero de 2026 | Marcelo Pacifico
El debate sobre la edad de imputabilidad es necesario y postergarlo es una forma de irresponsabilidad política.
Sin embargo, suele darse mal. Se lo plantea como una disyuntiva moral: o se baja la edad o se “defiende a los delincuentes”. Esa falsa simplificación no ayuda. La imputabilidad no es una consigna ideológica.
Es la capacidad de comprender la naturaleza criminal del acto que se comete. Y esa capacidad no se manifiesta del mismo modo frente a todos los delitos. Por eso, la discusión no puede ser uniforme. No es lo mismo un hurto, una amenaza o una lesión leve que un homicidio, un robo con armas o una violación. En los delitos graves, el daño es evidente y la conciencia del límite penal es clara. Portar un arma, disparar, matar o abusar implica saber que se está cometiendo un delito.
Cualquier chico, incluso con menos de 16 años, lo sabe. En esos casos, bajar la edad de imputabilidad es una respuesta razonable. En los delitos más leves, en cambio, puede requerirse un mayor nivel de madurez intelectual y emocional para comprender plenamente el alcance del acto. Tratar de la misma manera conductas tan distintas es injusto e ineficaz. La participación de jóvenes con menos de 16 años en el delito es baja: 2 % del total. Es un porcentaje reducido, pero eso no lo vuelve irrelevante ni habilita la inacción del Estado.
Cuando los hechos son graves, la conmoción social es grande y la demanda de respuesta de las víctimas, sus familias y de la sociedad es plenamente legítima. El problema es que, al quedar fuera del sistema penal, muchos de estos jóvenes son devueltos sin más al mismo entorno que los llevó a delinquir. Por eso, la discusión no debería ser sólo si se baja o no la edad de imputabilidad en abstracto, sino para qué delitos, con qué criterios y con qué dispositivos específicos.
Sin esa distinción, el debate seguirá atrapado en consignas morales y el Estado seguirá sin ofrecer soluciones reales.
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