Columna de opinión

Creando el Índice Levi’s 501 (primera calidad)


10 de Febrero de 2026 | Walter Sáez

El Levi’s 501 no es solo un pantalón. Es un símbolo global del consumo, de la industria cultural norteamericana y —sin proponérselo— una radiografía bastante precisa de cómo funcionan los países cuando se trata de producir, importar, gravar y vender.

Tomando como referencia jeans Levi’s 501 de primera calidad, y expresando todos los valores en dólares estadounidenses, el mapa de precios internacionales deja una conclusión incómoda para la Argentina.

En Estados Unidos, país de origen de la marca, el jean cuesta entre USD 110 y 150.
En España e Italia, con Estados de bienestar, impuestos altos y salarios elevados, se paga entre USD 100 y 115.
En China, donde el producto es importado y aspiracional, el precio sube a USD 150–180.
En Argentina, el mismo jean se vende alrededor de USD 90–110.

A simple vista, Argentina no parece el país más caro en términos de precios relativos.
Pero esa lectura es engañosa.

El problema no es cuánto cuesta el jean, sino cuánto cuesta para quién.
Mientras que en Estados Unidos o Europa un Levi’s 501 representa una fracción menor del ingreso mensual promedio, en Argentina el mismo producto puede equivaler a una parte sustancial del salario de un trabajador formal. El resultado es conocido: bienes comunes en el mundo desarrollado se vuelven artículos casi de lujo en el mercado local.
Y ahí aparece la política.

Impuestos, restricciones y el eterno péndulo.
Durante años, la Argentina construyó un sistema que encarece todo lo que cruza una frontera: aranceles, impuestos internos, percepciones, tipos de cambio múltiples, costos financieros y una cadena comercial diseñada más para sobrevivir que para competir.

Paradójicamente, el resultado no fue una industria más fuerte ni consumidores mejor protegidos, sino precios altos, oferta limitada y un mercado informal siempre al acecho.

Hoy, con un discurso oficial que promueve la apertura y la competencia, el jean Levi’s se transforma en una prueba concreta: cuando el mundo compra un producto global a precios razonables, Argentina lo discute en clave ideológica.

Ahora bien quien es el enemigo?
La discusión no debería ser si un Levi’s 501 es caro en la Argentina.
La discusión real es por qué un trabajador argentino tiene que pensar dos veces antes de comprar lo mismo que un trabajador europeo compra sin esfuerzo.

Defender el consumo no es populismo.
Defender precios artificialmente altos en nombre de una protección que no protege a nadie, sí lo es.
La Argentina suele discutir la economía en abstracto, pero el Levi’s 501 baja el debate a tierra.
No se trata de lujo ni de ostentación: se trata de acceso.
Mientras otros países usan los impuestos para financiar Estados funcionales sin destruir el consumo, Argentina los utiliza como parche fiscal permanente, sin una estrategia productiva consistente detrás.

El problema no es la ropa importada.
El problema es un sistema que recauda como país rico y paga salarios como país pobre.
Abrir la economía no es regalar el mercado.
Cerrar la economía no es proteger a los trabajadores.
El verdadero indicador de desarrollo no está en los discursos ni en las estadísticas oficiales.
Está en algo mucho más simple:
Cuántas horas de trabajo necesita una persona para comprarse un jean común en cualquier lugar del mundo.

Cuando esa respuesta es “demasiadas”, el problema no es la prenda.
Es la política.



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