Columna de opinión

Cuando lo nacional sirve para no hablar de lo urgente


15 de Febrero de 2026 | Guillermo

El intendente municipal decidió alinearse públicamente con las principales reformas impulsadas por el Gobierno Nacional en un momento clave del debate legislativo.

El gesto no puede leerse de manera aislada: ocurre en medio de su intento por acercarse a La Libertad Avanza tras el desgaste político propio y el fracaso del armado seccional que integró junto al clan Passaglia bajo el sello Hechos.

Aquel espacio nació más por necesidad que por convicción: sin lugar en las estructuras partidarias tradicionales, los intendentes debieron construir una herramienta propia de alcance seccional. Hoy, con ese experimento debilitado, el jefe comunal busca un nuevo aterrizaje político.

En ese contexto, respaldó la reforma laboral y su alineación continuó con su apoyo al nuevo plan penal juvenil. En sus redes sociales escribió: “Acompaño la baja de la edad de imputabilidad, quien delinque no puede andar por la calle. Pero también hay que aplicar penas efectivas para que se cumpla la detención. Ya no hay más excusas”.

El posicionamiento busca sintonizar con una agenda nacional que prioriza seguridad y endurecimiento penal. Sin embargo, el contraste con la realidad pergaminense es inevitable.

La ciudad atraviesa niveles de inseguridad que generan cada día más preocupación. Pergamino carece de un mapa del delito actualizado, no cuenta con foros de seguridad activos y el Centro de Monitoreo dista de cumplir un rol preventivo eficaz. Ahora, los reiterados robos en barrios cerrados colocaron al distrito en la agenda nacional por motivos que ningún funcionario quisiera destacar.

Frente a este escenario, el intendente no ofrece diagnósticos públicos ni estrategias claras. Tampoco lidera un debate local serio sobre prevención, coordinación policial o políticas de seguridad comunitaria. La inseguridad cotidiana, la que también golpea al Centro y a los barrios privados, que modifica hábitos de vida, permanece fuera de su discurso.

El contraste es evidente: firmeza discursiva para respaldar reformas nacionales, silencio frente a los problemas estructurales de la ciudad que gobierna.

La ausencia de seguridad no se resuelve con declaraciones ni con alineamientos ideológicos. Hay que ponerse al frente. Requiere planificación, estadísticas confiables, participación comunitaria y presencia estatal sostenida. Nada de eso aparece hoy como prioridad.

Después la derrota electoral de septiembre, el intendente quedó expuesto a una realidad política más adversa. Sus movimientos están cada vez más orientados a reubicarse en el tablero nacional antes que a reconstruir liderazgo local.

Pergamino no necesita un intendente en tránsito. Tampoco un usuario intensivo de redes sociales. Necesita un jefe comunal enfocado en su territorio, cercano a los vecinos, poniendo la cara, atendiendo a las víctimas, dispuesto a asumir responsabilidades y a enfrentar los problemas concretos que afectan la vida diaria de los pergaminenses.

El grave contexto de inseguridad en la ciudad no admite especulación ni estrategias personales.

 

*El autor es periodista



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