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¿Qué es de la vida de José Luis Picarelli?

La voz que convirtió la pasión en un modo de vivir y encontró en la radio un hogar para siempre
17 de Mayo de 2026 | Primera Plana

Hay personas que pasan por la radio y otras que directamente nacen dentro de ella. José Luis Picarelli pertenece a ese segundo grupo. Su historia no puede separarse del sonido de una transmisión deportiva, del murmullo de un estudio antes de salir al aire ni de esos pasillos de Radio Mon que terminaron convirtiéndose en parte de su propia vida. Relator apasionado, obsesivo del trabajo, dueño de un estilo inconfundible y de una voz que recorrió canchas de todo el país, Picarelli construyó una trayectoria marcada por el esfuerzo, la intuición y un amor inquebrantable por el oficio.
Nació el 16 de marzo de 1964, en un hogar sencillo de calle Além. Hijo de Salvador Luis, mecánico, fanático de San Lorenzo y Douglas, y de Carmen Fragapane, ama de casa y ferviente hincha de Tráfico’s, creció en un casa donde la radio ocupaba un lugar central. “En mi infancia lo único que teníamos era la radio”, recuerda hoy con nostalgia.
Aquellos primeros años estuvieron atravesados por una infancia feliz de barrio, juegos en la calle y tardes eternas entre relatos deportivos y diarios recién impresos. A apenas 150 metros de Radio Mon y a poco más de una cuadra del Semanario El Tiempo, José Luis pasaba horas mirando el movimiento periodístico de una época que hoy parece lejana. Entraba al diario, jugaba entre sus cuatro paredes y observaba fascinado el trabajo de periodistas, fotógrafos y diagramadores.
Recuerda a Venini, Merlo, Fernández y tantos otros trabajadores del semanario saliendo a jugar al fútbol con los chicos para despejarse en medio del cierre de edición. “Era hermoso ver los domingos el despliegue que había en El Tiempo. Los cronistas llegaban con las anotaciones, las fotos se revelaban ahí mismo… yo miraba todo eso maravillado”, cuenta.
Su infancia también estuvo marcada por la figura del tío Lito, a quien considera casi un segundo padre. Fue él quien le regaló una camiseta de Boca que cambiaría para siempre su corazón futbolero. Aunque en su casa se respiraba San Lorenzo y su padre incluso había sido presidente de la filial azulgrana, aquel obsequio lo convirtió definitivamente en hincha xeneize.
Cursó la primaria en la entonces Escuela Experimental Nº4 y admite, entre risas, que fue un estudiante “vago”. El secundario lo terminó de noche, mientras trabajaba para aprender un oficio, hasta recibirse en el Comercial.
Mientras tanto, la radio seguía creciendo dentro de él. Escuchaba a José María Muñoz por Radio Rivadavia y soñaba con ese universo mágico de relatos y transmisiones. En 1973 empezó a escuchar a Carlos Del Valle y Omar Pacini en Radio Mon. Allí apareció una figura fundamental en su vida: “Chichino” Ayestarán. “Íbamos a la cancha y yo lo miraba relatar. Se ponía los auriculares y para mí era fascinante”, recuerda. Con el tiempo, Ayestarán terminaría convirtiéndose en uno de los grandes maestros de su carrera.
El deporte también ocupó un lugar importante en su juventud. Jugó al básquet en Douglas y fue campeón juvenil con Gimnasia en 1981. Aquel equipo no solo le dejó el título deportivo, sino amistades que continúan hasta el día de hoy, sostenidas por anécdotas, reuniones y recuerdos compartidos.

TRAYECTORIA
La historia profesional de Picarelli en los medios comenzó casi por casualidad. En diciembre de 1989 acompañó a un amigo a Radio Latina porque estaban buscando un periodista deportivo. Finalmente quedaron los dos. “Iba a la radio después del trabajo”, recuerda. Poco tiempo después, gracias a la confianza de sus compañeros, tuvo la oportunidad de relatar un partido de básquet entre Comunicaciones y Argentino. Fue su primera transmisión.
“Ahí me atrapó la pasión del relato”, dice. Y agrega una definición que resume toda su carrera: “Siempre elegí ser relator. Comenté partidos, hice otras cosas, pero mi pasión es relatar. Me sale natural”.
Su crecimiento fue rápido. Don Carlos Trincavelli pasó a buscarlo por su casa para sumarlo a Radio Mon. El 4 de mayo de 1991 ocurrió uno de los momentos más importantes de su vida profesional: relató Douglas Haig contra Defensa y Justicia. Empataron 2 a 2. Pero el resultado quedó en un segundo plano: para Picarelli comenzaba una etapa que marcaría definitivamente su vida.
“Carlos me enseñó todo lo que no sabía”, asegura con gratitud. Desde entonces construyó una identidad propia al aire. “Siento que la gente se flechó con mi forma de relatar. Le puse otra impronta. Rompí todos los esquemas”.

LA VOZ QUE RECORRIO EL PAÍS
Con el paso de los años, su voz empezó a hacerse reconocible en cada cancha. Radio Mon se convirtió en su casa y el deporte en el pasaporte que le permitió recorrer Argentina durante décadas.
“Hasta hace cinco años viajé por todo el país gracias al deporte. Soy un agradecido de la vida”, afirma.
En 1998 tomó una decisión que parecía imposible para una radio del Pergamino: transmitir la campaña de Boca Juniors. Movió contactos, consiguió acreditaciones y se lanzó a cubrir uno de los ciclos más gloriosos del club xeneize, incluyendo el bicampeonato y la Copa Libertadores.
En tiempos donde la tecnología era limitada y los recursos escasos, las transmisiones requerían ingenio, sacrificio y oficio. Con el tiempo, su voz comenzó a ser reconocida en todos lados. “A cualquier rincón del país que vayas, alguien escuchó la voz de Picarelli”, le suelen decir.
Sin embargo, detrás de esa pasión también hubo renuncias. “Perdí muchas reuniones familiares y eventos porque soy obsesivo con mi trabajo”, admite. Aunque hay algo que nunca resignó: el respeto por el oyente. “Siempre respeté a los hinchas”, remarca.

LA RADIO
Hablar con José Luis Picarelli es escuchar a alguien que no concibe su vida lejos de un estudio de radio. Cada recuerdo importante parece haber ocurrido allí. “Las momentos lindos y feos de mi vida transcurrieron en los pasillos de la radio”, dice.
También hay cierta melancolía cuando habla del paso del tiempo. Muchos compañeros se jubilaron, otros ya no están y siente que quedan pocos representantes de aquella generación romántica de relatores y periodistas. Pero lejos de pensar en un retiro, Picarelli sigue mirando hacia adelante. “No me considero cerca del retiro. No miro el almanaque. Mi edad biológica no coincide con mi cabeza. Las ganas están intactas”.

FAMILIA
Casado desde 1989 con Mariela Seta, formó una familia junto a sus hijos Ana Fiorella y Renzo Luis. A ellos se suman sus sobrinos Joaquín, Magdalena y Guadalupe, quienes lo conocen cariñosamente como “el tío gordo”, y la pequeña Renata, su sobrina nieta, a quien define como “la luz de la casa”.
Fuera de la radio, Mar del Plata ocupa un lugar especial en su corazón. Allí encuentra su cable a tierra, el espacio para descansar, bajar el ritmo y reencontrarse con cientos de historias acumuladas durante años de viajes y transmisiones.

ACTUALIDAD
Hoy José Luis Picarelli sigue siendo un apasionado. Guarda grabaciones de relatos, colecciona recuerdos y conserva más de 70 radios, todas funcionando. “Duermo con la radio encendida”, confiesa.
Tiene amigos y colegas en cada rincón del país y todavía conserva proyectos pendientes. Uno de ellos es volver a contar cuentos, algo que hizo tiempo atrás y que desea retomar para descubrirse nuevamente desde otro lugar.
Mientras tanto, disfruta más de los pequeños momentos: estar con su familia, escribir, descansar, conversar con la gente y hacer radio “a otro ritmo”.
Porque después de tantos años, José Luis Picarelli entendió algo esencial: la radio no fue solamente un trabajo ni una profesión. Fue el escenario donde construyó su vida entera.



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