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Agustín Canapino ganó en el Turismo Carretera en La Plata, en memoria de su padre Alberto

La carrera más difícil. Seis días después de la muerte de su padre Alberto, Agustín Canapino le rindió el mejor homenaje en el autódromo Roberto Mouras, de La Plata.

La carrera más difícil.  Seis días después de la muerte de su padre Alberto, Agustín Canapino le rindió el mejor homenaje  en el autódromo Roberto Mouras, de La Plata. La victoria en la apertura del calendario de Turismo Carretera, el tributo del cuádruple campeón a su mentor, al hombre que en un principio intentó alejarlo del automovilismo y que cuando aparecieron la jerarquía de su hijo le brindó todo su apoyo hasta transformarlo en uno de los pilotos más destacados del país.

El regalo al preparador más exitoso de la categoría, que festejó 11 coronas: un póquer con Agustín, pero también dos con Juan María Traverso y Guillermo Ortelli y una con Juan Manuel Silva, Norberto Fontana y Christian Ledesma. La emoción cuando cayó la bandera a cuadros, el respeto de un silencioso parque cerrado, ese lugar que ofrece desahogos para los momentos de extrema felicidad y también de congoja y dolor.

 

La familia Canapino, unida, y una leyenda en el auto con el que corrió Agustín, dedicada a su papá.La familia Canapino, unida, y una leyenda en el auto con el que corrió Agustín, dedicada a su papá.

 

Una carrera que la Squadra Canapino, la nueva estructura que había ideado Alberto para crecer también fuera del automovilismo, hizo suya desde los entrenamientos, la clasificación, la series y la final. Siempre Agustín Canapino estuvo un paso más allá del resto. Con una fuerza interior que reflejan los pilotos que tienen jerarquía para manejar y un enfoque psicológico indestructible, porque el dolor y la pena todavía lo atraviesa, al igual que a su hermano Matías, que debutó en La Plata con un octavo lugar en el TC Pista, después de largar 17mo.

Porque cada paso era un recuerdo, como cuando antes de la final giraron cuatro de los autos que fueron campeones con Alberto como preparador:Agustín, al frente del Chevrolet de 2010, el título que inició su póquer de festejos; Ortelli y la Chevy que lo llevó al éxito en 1998, el primero de sus siete títulos; Mariano Werner -actual campeón defensor- al volante del Ford con el que se coronó Silva en 2005, y Fontana y Ledesma con la Dodge y el Chevrolet que se consagraron en 2006 y 2007, respectivamente.

 

 

La imagen en el podio de los hermanos con el trofeo que llevó el nombre de su padre, de cada integrante del equipo con sede en Arrecifes, que ahora lidera técnicamente Guillermo Cruzzetti -socio en varias batallas de Alberto- y presenta motores del joven Lucas Alonso, que rompió en llanto sobre el hombro de Agustín cuando lo fue a abrazar por el triunfo. El aplauso y la mirada clavada en el piso de Josito Di Palma (Ford) y Esteban Gini (Torino), quienes compartieron el podio con el ganador, muestras de reverencia para quien con su muerte dejó un gigantesco vacío, aunque el legado de la leyenda continúa

El número 1 no permite confusiones, la dedicatoria tampoco Agustín Canapino ganó la carrera de Turismo Carretera en La Plata, en honor a su padre.El número 1 no permite confusiones, la dedicatoria tampoco Agustín Canapino ganó la carrera de Turismo Carretera en La Plata, en honor a su padre.

 

La presión de combustible, antes de la largada de la final, un susto que Agustín logró controlar. El ingreso del Auto de Seguridad, cuando Josito Di Palma se perfilaba para intentar el zarpazo, en el tramo definitorio de la carrera, una ayuda que el cuádruple campeón calificó como una señal que bajó desde el cielo. "Si hubiera sido por él no hubiera ganado. Perdón, Gordo, que te estoy botoneando la estrategia", dijo, descubriendo las cartas que jugaba Alberto en cada campeonato. "El TC tiene 10 pruebas y cinco finales", lanzaba el preparador, demostrando que lo importante era innovar y crecer durante la Etapa Regular y hacerse fuerte en la Copa de Oro, la que consagra al campeón.

"Antes de largar le pedí fuerza y hay que creer, porque la sentí. El ingreso del Pace Car creo que fue gracias a él, porque se me estaba haciendo difícil aguantar a Josito", relató Agustín, que recién se bajó del habitáculo después de permanecer en el auto durante varios minutos, en los que los años compartidos con su padre, amigo, confidente, consejero, viajaron por su mente a la velocidad de la luz.

 

 

"Era quedarme encerrado y llorar o venir, competir y tratar de ganar. Esta carrera ganada, las victorias, los campeonatos. Todo es secundario. Solo puedo decir gracias a mi viejo y a los que me acompañaron siempre. No quiero llorar más, quiero ser fuerte y tratar de seguir adelante. Ya lloré muchísimo. No soy ni cerca lo que era él, me va a costar un montón, porque tengo que aprender mucho, pero voy a tratar de sacar todo adelante y de ayudar a mis hermanos, que fue lo que me pidió antes de que se durmiera. Hoy me di cuenta, yo sabía que era un groso, pero no tanto". El relato de Agustín, que dibujó el mejor homenaje para Alberto.

 

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