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Es biólogo molecular y sufría depresión, pero nadie le creía: estudió más sobre el cerebro y pudo salir adelante

Mariano Alló estudió en la Universidad de Buenos Aires y hoy trabaja en Heidelberg, Alemania. Escribió un libro en el que cuenta los pilares para controlar su depresión, y explica lo que sabe la ciencia

“La ‘depre’ es tramposa. La gente ve que puedes seguir una vida normal. En mi caso, hacía un doctorado y publicaba trabajos como biólogo molecular. No había indicios de que algo no iba bien. Ni yo mismo aceptaba lo que me estaba pasando”, dice el biólogo molecular Mariano Alló, desde la ciudad de Heidelberg, Alemania. Empezó a tener síntomas de depresión, pero pasaron más de 10 años para que se diera cuenta que padecía un problema de salud mental y que tenía que hacer una consulta con un profesional y buscar tratamiento. Ahora, a los 44 años, siente que pudo recuperarse gradualmente gracias a una salida basada en buscar cuáles son las evidencias científicas que funcionan para la depresión. Escribió y publicó el libro Cuando el cerebro dice basta. La trampa de la evolución o por qué nos deprimimos en España (que se lanzará en marzo en Argentina) para compartir su experiencia y ayudar a otros.

Alló nació en el pueblo bonaerense de Carhué en el año 1974. Se mudó a Trelew, y estudió la licenciatura en ciencias biológicas en la Universidad San Juan Bosco. Luego se mudó a Buenos Aires para hacer un doctorado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, con el prestigioso científico Alberto Kornblihtt. Se fue luego a Alemania para un postdoctorado, y trabaja en una empresa multinacional que produce equipamientos para los laboratorios de genómica y otras áreas relacionadas con ciencias de la vida. Contó en una entrevista telefónica con Infobae cómo hizo para tratar su depresión, un trastorno que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y es la principal causa mundial de discapacidad.

-¿Cuáles fueron los primeros síntomas del problema?

-Fue un camino larguísimo. El primer episodio estuvo relacionado con la muerte de mi papá cuando yo tenía 20 años. Pero nunca lo asocié con la depre. Mi papá viajaba por trabajo y cambió la fecha de un viaje porque yo tenía un partido de fútbol especial. En ese viaje, tuvo un accidente y murió. Fue duro. Porque no me podía sacar de la cabeza de que mi papá había cambiado la fecha de viaje por mi partido de fútbol. Además, tuvo muerte encefálica, y los médicos nos preguntaron si aceptábamos que mi padre sea donante de órganos. Con mi hermano, teníamos menos de 20 años, y no estábamos preparados para esa pregunta. Nunca habíamos hablado del tema con mi papá. Decidimos que fuera donante, pero todo me generó una gran culpa y tristeza. Me sentía mal, pero pensaba que el duelo por mi papá, y seguí dejando de lado que algo me pasaba. Pasaron muchos años para tener un primer diagnóstico. El desconocimiento te aleja de darte cuenta que puede ser depresión.

-¿Cómo llegó al diagnóstico de depresión?

-Mi depresión fue avanzando lentamente en mi vida. Tenía falta de energía y memoria. Cada vez más baja autoestima. Sentía que no podía estar en grupos con amigos porque no tendría nada para decir. Que no era lo suficientemente valioso. No hablo solo de gente del campo académico, sino de gente por fuera de la ciencia para hablar de temas comunes de la vida. No tenía energía para estar y comunicarme con otros. El primer diagnóstico de que tenía depresión fue hace 15 años. Por recomendación de un profesor fui a ver a un neurólogo. Pero pensé que era un problema clásico de cansancio. Me costaba recordar información básica. No podía dormir bien. Me costaba tener un sueño reparador. Físicamente, me sentía cansado y con niebla mental. Me sentía sobrepasado. Pero seguía pensando que era lo normal para una situación de duelo por mi papá. Después de la consulta médica me hicieron varios estudios. Cuando me dijeron que se trataba de depresión, mi reacción fue: “No hay posibilidad de que eso sea cierto”. Pensaba que el médico estaba equivocado. Porque yo creía que una persona con depresión era alguien que no podía levantarse de la cama todos los días. Yo desconocía que uno puede seguir funcionando en su vida cotidiana por un lado, pero también va teniendo diferentes síntomas de la enfermedad. Ese primer diagnóstico me abrió la puerta para empezar a leer trabajos científicos publicados sobre depresión.

-¿Qué pasó con sus seres queridos?

-Sentía que nadie me entendía. “Estás haciendo un doctorado”, me decían cuando comentaba que me sentía mal. Nadie creía que podía tener depresión. Desde afuera, resulta muy difícil empatizar con lo que te pasa. “¿Qué problema vas a tener si estás haciendo un doctorado?”, me insistían. No lo hacían por desconsideración, sino por desconocimiento. Mucha gente aún no sabe cuáles son los síntomas de la depresión, y aún hay mucho estigma. Al no sentirme comprendido, me aislaba cada vez más, y era más complicado salir adelante. Tuve otro momento que fue un gran disparador de síntomas: la separación de una pareja. Fue muy dolorosa, porque me costaba aceptar la ruptura. Había amor, pero la relación no funcionaba.

-¿Cómo lo ayudó buscar y leer trabajos publicados sobre depresión?

-Me di cuenta de que el aislamiento de los demás me amplificaba el círculo vicioso en el que estaba. Hay un mito sobre la depresión: se cree que es algo que la persona elige. Que si le pone suficiente voluntad, puede salir adelante. Que si no sale, es porque esa persona no quiere o no hace lo suficiente. Yo me sentía frustrado por no poder revertir mi depresión por mí mismo. Pero la evidencia a través de la investigación científica, especialmente durante los últimos diez años, me ayudó a ver que esa creencia es falsa. La depresión es un trastorno que tiene tanto componentes biológicos como ambientales. Al descubrir lo que le pasa al cerebro cuando se sufre depresión y cómo se relaciona con lo que se va sintiendo, pude empezar a sacarme lastres que tenía y a encontrar el camino para la salida, que fue gradual. Ahora, creo que si hubiese tenido la suerte de conocer más sobre depresión hace más de 20 años, hubiese tenido un diagnóstico más temprano y mis síntomas hubieran sido menos severos. Pero es parte del camino. Por eso, decidí escribir el libro: para que otros puedan informarse a tiempo, y no sufrir tanto como me pasó. Si consigo ayudar solo a una persona, ya estoy hecho. Considero que la depresión debería ser menos estigmatizada hoy. Hay que hablar más sobre este trastorno mental, y ponerla como prioridad en la salud mental de la población en general.

-¿Qué hizo exactamente para enfrentar la depresión?

-El postdoctorado que hice en Alemania me enfocó más en neurobiología. Me permitió entender más a la depre desde la ciencia. Una persona que pelea contra la depresión es una oscuridad. Es un monstruo que no sabes por dónde te va a atacar. Al informarme más, el conocimiento científico me ayudó a encontrar la salida, y a no pelear con el monstruo cuando se despertaba. Me basé en pilares fundamentales para tratarme. Son una respuesta integral y requieren de compromiso y energía de la persona. Hay que tener paciencia, porque justamente la depresión implica sentir falta de energía. Los pilares están basados en qué saben las ciencias sobre qué pasa en el cerebro de la persona con depresión y qué soluciones han demostrado eficacia.

-¿Cuáles son esos pilares?

-El primer paso es buscar ayuda de un profesional en salud mental para tener un diagnóstico. Es clave hacer una psicoterapia, y en algunos casos agudos se puede necesitar medicación. En mi caso, lo que me funcionó es la terapia cognitiva formulada por el psicólogo estadounidense Aaron Beck. Esa terapia sí tiene eficacia demostrada para tratar la depresión. Puede ser tan efectiva como los psicofármacos. Durante la terapia cognitiva, se trabaja sobre creencias o supuestos disfuncionales que la persona tiene no explícitos y que regulan la información sobre sí mismo.

-¿Cuáles fueron los otros cambios en su vida?

-Cuando vivía en Argentina, aprendí a practicar meditación, especialmente la meditación de la atención plena o “mindfulness”, que es una de las más estudiadas desde las neurociencias, y que también ha demostrado que brinda ayuda a la persona con depresión. Continué practicando meditación a través de aplicaciones en el celular en Alemania. En algunos momentos tengo más constancia y en otros no. Pero aun 5 minutos de meditación ayudan mucho. Otro cambio fue desarrollar continuidad con la actividad física.

-¿Cómo fue?

-Hay muchos estudios científicos que demuestran que hacer actividad física regular hace bien a la persona con depresión. Porque tiene un efecto antiinflamatorio en el organismo humano. No se necesita tener una actividad intensa: con salir a caminar más de 40 minutos todos los días, ya se notan cambios. No hay que proponerse correr una maratón. Que no sea agobiante. Al principio, no fue fácil. porque tuve que atravesar el problema de la autoexigencia. Me proponía entrenar con un determinado nivel. Salía a correr dos semanas y después dejaba. Con el tiempo, fue aceptando que no se trata de correr maratones. Ahora corro dos días y hago caminatas rápidas otros tres días por semana. Es una estrategia holística que no busca un resultado de competencia, sino para generar efectos a nivel biológico para la recuperación. Se puede lograr con actividades básicas, y mantenerse dentro de lo que se pueda. Sin exigencia que moleste y haga que uno abandone todo.

-¿Hizo algún cambio en la alimentación?

-Sí. La alimentación es un pilar clave para salir adelante cuando uno tiene depresión. Hay muchos trabajos sobre la microbiota, que incluye microorganismos beneficiosos que tenemos en nuestro cuerpo. Pero se sabe también que los productos ultraprocesados pueden causar procesos inflamatorios en el organismo, y entonces no son beneficiosos. Porque contribuyen a sensaciones de cansancio, entre otras. Hoy se considera que la depresión es un síndrome que incluye diferentes condiciones que se superponen. Es sistémica: afecta a otros sistemas del organismo, y a la vez es afectada por otros sistemas. En mi caso, traté de volcarme a la dieta mediterránea, mucho verde en el medio. Elijo una alimentación que tenga propiedades antiinflamatorias, y dejé de usar alimentos ultraprocesados. Igual, no creo que haya una receta única para todas las personas con depresión. Mi consejo es contactar a un profesional de la nutrición.

-¿Cuándo notó que se recuperó de la depresión?

-Los últimos 7 años han sido de cambios. Los pilares van impactando gradualmente en la vida diaria. La depresión tiene sus oscilaciones. A veces es más severa. Creo que es un proceso gradual. Hoy trabajo aquí en Alemania. Hago pausas cuando siento que tengo que descansar. Hago las meditaciones, corro, camino, y disfruto más de mis seres queridos. También me pone bien haber escrito el libro para ayudar a otras personas, y dar charlas a través de Instagram en @dr.marianoallo.

-¿Qué piensa ahora de la depresión?

-Es parte de un cambio dramático que hemos hecho los seres humanos como especie en relación al ambiente. Miles de años atrás, la respuesta biológica al estrés solo se gatillaba en situaciones puntuales ante situaciones de alto riesgo para la vida. Hoy los estresores son diferentes. No ponen en riesgo la vida, pero se disparan decenas de veces durante el día, con exámenes, presentaciones, discusiones con otros, entre otras situaciones. Nunca maquinaria biológica no tiene la capacidad de discernir cuándo el estresor es real. En el organismo, se disparan procesos de inflamación que afectan un equilibrio. De alguna manera, los diferentes pilares que sigo ayudan a revertir ese desequilibrio. Hemos hecho muchos cambios en nuestras vidas durante miles de años, pero la evolución también nos tendió una trampa que ha tenido como consecuencias la depresión.

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