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¿Existe diferencia entre el intendente y Cristina?

Por Guillermo Memo García Por Por Guillermo Memo García | 9 de Junio de 2022

No en todas las oportunidades se pone la lupa en los discursos, decisiones o acciones de un gobernante de turno. Pero existen momentos especiales. Y el Día del Periodista es uno de esos. Por la particular razón de ser una jornada diferente para quienes todos los días, con más defectos que virtudes y muchos más errores que aciertos, intentamos hacer periodismo en una ciudad como Pergamino.      

El martes hubo algunos actos, que continuaron ayer y se extienden hasta hoy. La convocatoria central, como todos los años, a excepción de 2020 y 2021 por la pandemia, es al pié del monolito a Mariano Moreno, en la Plaza Merced.

Como en 2019, tampoco éste año participó el intendente municipal. No asiste al único acto organizado por los propios periodistas. No obstante, preparó un agasajo, en un local gastronómico del Centro e invitó a algunos medios y amigos, compañeros y colegas a un desayuno. No a todos. Pero sí a los que consideró. Son “gestos”, lo definiría otro periodista de excelencia como Gustavo Angel Bitar.

Y en esa reunión el intendente hizo uso de la palabra. Resultaría un auténtico pecado y un inmenso acto de injusticia no observar sus declaraciones precisamente sobre los periodistas y cómo debemos desarrollar nuestra tarea, el mismo Día del Periodista.   

Ante todo agradecerle al intendente municipal, el recuerdo a un querido amigo, además de compañero, que en enero dejó de estar entre nosotros, Miguel Angel “Pato” García.

Y recordarle que no fue el único valor que el periodismo, los medios y la ciudad perdieron desde 2019 a ésta parte. También extrañamos a Claudia Aiello, Fernando Sabas, Mario Gustavo Farhan, Pedro Pignata, Oscar Raisi, Román Castelli y Carlos Daniel Delio.

Los periodistas recordamos a todos los amigos, compañeros y colegas que ya no están en ésta jornada especial.    

Advertido esto, el intendente municipal centró discurso en que “la Argentina vive una grieta que parece difícil de solucionar. Creo que entre todos tenemos que aportar nuestro granito de arena para que deje de ser así”. Habló de colaboración a los periodistas para reducir la grieta, en el mismo acto que decidió invitar a algunos medios y periodistas y a otros no. Otro nítido ejemplo de un rasgo característico de su gestión: “Haz lo que yo digo y no lo que yo hago”. La célebre frase llegó hasta nuestros días como síntesis perfecta del concepto de hipocresía.

Un hipócrita es quien se comporta de forma contraria a los principios que pregona. Como pasó con Séneca, el filósofo estoico, líder indiscutido de debates sobre la moral en el año 56 después de Cristo.

El problema no es la posible doble moral. El tema es la contundencia de la prueba: decir lo que dijo, en el momento que lo dijo y en un acto que reflejó, como pocas veces, eso que pidió reñir: la grieta.  

Sin dudas que hubiese preferido que la máxima autoridad del pueblo hable de la libertad de expresión más que de la grieta. O además de la grieta; impulsada y motivada como pocos sectores de una sociedad como la clase política, la misma que viene fracasando en las últimas dos décadas y de la que el intendente municipal forma parte y debe asumir también la responsabilidad que le cabe.     

El principal problema al que hacemos frente hoy es el intento de eliminación del periodismo, es la sustitución del periodismo por lo que ahora se llama “el relato”, es la sustitución del esfuerzo serio, profesional de la enumeración de los hechos, por la imposición de una narración creada al gusto del consumidor. O mejor expresado, del gobernante de turno.

Al fenómeno de “el relato” se le ha llamado de distintas formas. La más difundida últimamente es la de posverdad, que se corresponde con el nacimiento de una era en la que la verdad, como todo, es relativa y todo depende del cristal ideológico con el que se mire y el propósito que se busque con su difusión.

La posverdad es peor que la mentira, en el sentido de que la mentira puede llegar a descubrirse, pero la posverdad es incuestionable en la medida en que no necesita ser corroborada con hechos.

Estoy seguro que si algunos pudiesen manipular la información como plastilina, le darían la forma que más les convenga a sus intereses personales. Tradicionalmente, a todo esto se le ha llamado manipulación. Y la función de la moderna posverdad es la misma que la de la vieja manipulación: impedir que los ciudadanos estén bien informados, que conozcan la verdad, que sean auténticamente libres.

Estamos ante la mayor amenaza que existe contra las democracias en estos momentos. Porque la negación de los hechos, su manipulación o la creación de relatos que satisfacen los prejuicios y el sectarismo no es una actividad inocente, tiene un propósito que siempre está ligado con el control del poder.

Eliminada la función crítica de la prensa se puede deformar la realidad al capricho del consumidor. Exagerar los problemas, torcer los datos y prometer soluciones fáciles y paraísos inexistentes.

En la crítica oculta al periodismo de parte del intendente, que tal vez no se animó a terminar de exponer, como también se niega a atender a algunos medios o periodistas -seguramente porque no tenga respuestas para tantas preguntas nunca formuladas- o en su pedido de combatir lo que entiende como grieta, existe una similitud concreta con un modelo que “rechaza de cuajo”: el kirchnerismo.

¿Existe alguna diferencia entre la forma de actuar del intendente de Pergamino y Cristina Fernández? ¿Existe, entre lo que critica y después termina haciendo de igual forma? No. Porque aplica los mismos métodos que cuestiona solo que desde un lugar distinto.

Invita a algunos medios al agasajo por el Día del Periodista, habla solo con algunos medios, concede entrevistas solo a algunos periodistas y pide por la grieta. Invita “a repensar la función que tiene mucho que dar socialmente”, pero deja de lado su accionar como representante de toda la comunidad pergaminense. Es el intendente. No es un hincha de un club de fútbol. 

La amenaza a la libertad de expresión y al periodismo de calidad no se produce en sí mismo por la grieta, motivada esencialmente por la clase política de los últimos años.

El periodismo de calidad y la libertad de expresión están amenazados porque algunos políticos descubrieron que quizá "la nueva política" se puede hacer mejor y con mucho más éxito sin periodismo exigente. Y porque algunos denominados "nuevos políticos", pero con igual o mas vicios que los de antes, prefieren medios de comunicación que les den la razón y no los sometan a la investigación y la crítica. 

*El autor es periodista, integrante de PRIMERA PLANA y de RADIO MAS (FM 106.7) 

 

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