Por Carlos Elizalde | 7 de Enero de 2026
Pergamino, ciudad histórica del cinturón agroindustrial bonaerense, no es sólo tierra fértil y silos: es hoy un nodo en expansión dentro de redes de información que reconfiguran la economía, la política y la vida comunitaria. Desde las cooperativas que gestionan energía y conectividad hasta los laboratorios y técnicos que mejoran la productividad, la ciudad funciona como una trama de nodos y flujos informativos cuyo buen o mal manejo determinará su futuro. Esa mirada —centrada en el poder transformador de la información— es la que invita a adoptar una lectura crítica y proactiva sobre el rumbo local.
La fortaleza más evidente de Pergamino radica en sus redes cooperativas e institucionales. Entidades como la cooperativa eléctrica, asociaciones agropecuarias y centros de extensión conforman canales de confianza y coordinación que permiten enfrentar crisis climáticas, logística de cosecha y desafíos comerciales. Esa cooperación genera resiliencia: convierte conocimientos dispersos en decisiones colectivas, y hace de la información técnica y administrativa un recurso público estratégico.
Sin embargo, esa misma red corre riesgos cuando la información deja de ser comunitaria y se concentra en manos ajenas. La dependencia creciente de plataformas privadas, proveedores de datos y algoritmos externos puede desplazar la toma de decisiones local y concentrar poder fuera de la comunidad. Cuando los datos productivos, de consumo o de servicios quedan bajo control de actores remotos, Pergamino pierde capacidad de agencia para definir sus prioridades económicas, sanitarias y ambientales.
Otro peligro que acecha es la fragmentación informativa: la desinformación y la polarización que circulan por redes sociales no respetan fronteras urbanas. En una ciudad donde las decisiones sobre salud pública, uso de agroquímicos o inversión en energías renovables dependen del consenso, la erosión de la confianza colectiva puede traducirse en malas políticas y prácticas insostenibles. A ello se suma la vulnerabilidad tecnológica: ciberataques, fallas en servicios digitales o interrupciones de conectividad afectan directamente la operativa agrícola e industrial.
La respuesta exige políticas públicas y estrategias comunitarias claras. Pergamino necesita infraestructuras de datos locales gestionadas con transparencia: portales municipales abiertos, bancos de datos cooperativos y normas que garanticen acceso y control ciudadano sobre la información. Es imprescindible invertir en alfabetización digital para productores, docentes y líderes; que no sólo sepan usar la tecnología, sino comprender riesgos de privacidad, sesgos algorítmicos y consecuencias económicas de ceder datos.
La gobernanza de la información debe contemplar además criterios ambientales y sociales. Los sistemas de trazabilidad y los modelos predictivos empleados en la agroindustria deben incorporar indicadores de sostenibilidad; sin ello, los incentivos informativos pueden favorecer prácticas que degradan suelos y recursos hídricos. Reglamentos que eviten monopolios de datos, auditorías independientes de algoritmos y mecanismos de participación ciudadana en contratos tecnológicos son pasos concretos hacia la autonomía informativa.
Pergamino tiene la oportunidad de convertirse en un ejemplo de gestión local inteligente: no se trata de rechazar la tecnología, sino de articularla dentro de instituciones fuertes, controles democráticos y una cultura cívica informada. Si la ciudad logra mantener la gobernanza de sus redes informativas, potenciará su autonomía, competitividad y sustentabilidad; si delega ese poder sin salvaguardas, entregará su destino a decisiones ajenas. Esa elección, más que tecnológica, es política y comunitaria: decidir quién maneja la información es decidir quién decide el futuro.
Si todavía no recibís las noticias de PRIMERA PLANA en tu celular, hacé click en el siguiente enlace https://bit.ly/3ndYMzJ y pasarás a formar parte de nuestra base de datos para estar informado con todo lo que pasa en la ciudad y la región.