• cielo claro
    28 de Mayo de 2020
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Aislamiento social y violencia machista: una respuesta crítica desde la propia Justicia

Dos peritos -una psicóloga y una trabajadora social- de la provincia de Buenos Aires impulsaron tres conversatorios con colegas para pensar la violencia machista en contexto de aislamiento. La primera sorpresa fue la respuesta: en cada uno de los encuentros se llegó al máximo permitido de cien participantes. La segunda: la preocupación generalizada de cómo intervenir a distancia. Las acciones frente a situaciones nuevas de violencia en medio de la cuarentena y la intervención con niñes y adolescentes. Compartimos el trabajo completo.

“Ante la situación de aislamiento social en que nos encontramos en este momento, y habiendo dejado expuesto en escritos anteriores las características de la cotidianidad de las víctimas de violencias de género, el agravamiento de su situación a partir del encierro, la dificultad para acceder a los recursos y la reducción de los mismos, la limitación y el riesgo en la intervención telefónica; los profesionales nos encontramos ante algunos dilemas que nos obligan a repensar nuestras prácticas desde todos los aspectos posibles”.

Así comienza el texto que dos peritos judiciales de la provincia de Buenos Aires produjeron a partir de tres conversatorios que impulsaron para pensar de forma crítica las respuestas de la justicia a la violencia mahista en contexto de aislamiento social, prevetivo y obligatorio. En cada uno de los encuentros, los conversatorios llegaron al máximo permitido de cien participantes, lo cual evidenció una preocupación generalizada sobre cómo intervenir actualmente en situaciones a distancia.

“Me hace pensar que no estábamos todos tan tranquilos entonces”, dice a lavaca Erica Velásquez Burgos, perito trabajadora social de un juzgado de familia, y una de las impulsoras. “Más allá de que queramos hacer pasar como que está todo bien hay un sector importante que nos estamos cuestionando la situación de cómo poder dar una respuesta a la demanda institucional sin perder de vista que el objetivo principal es dar respuesta a la necesidad que tiene la gente desde un lugar metodológico pero sumamente ético”.

A raíz de los intercambios, Velázques Burgos, junto a Susana Cuadro, perito psicóloga que en este momento evalúa niños, niñas y adolescentes víctimas de delitos penales, produjeron un texto para dar cuenta de las preocupaciones y preguntas que se abrieron en los conversatorios. “Había diferentes posturas pero todos estaban pensando qué hacer en esta situación puntual, donde nuestra tarea está limitada y las violencias crecen cada vez más”.

Durante el primer mes de cuarentena, la Corte de la provincia de Buenos Aires funcionó con guardias mínimas. Con el paso de los días los peritos empezaron a trabajar de manera remota: llamadas y videollamadas. Explica Cuadro: “Ahí nos encontramos con otra cuestión que es que el Poder Judicial no es fácil, es muy patriarcal, te dicen: ‘Hay una denuncia, llamen’. Y empezamos a pensar si hacer ese trabajo podía poner en peligro a quien estaba en sus casas”. Para encontrar esas respuestas de manera colectiva fue que convocaron a peritos psicólogas, psiquiatras y trabajadoras sociales que trabajan con violencia, y armaron los conversatorios.

“Nuestro gran trabajo, además de hacer el informe, que es importante y es parte de nuestro rol, es hablar con las personas que toman las decisiones, poder historizar, correr un poquito la mirada lineal legalista”, sostiene Cuadro.

Velázquez Burgos agrega en la misma línea: “Tenemos la función de poder poner la palabra, la mirada, el sentir de la gente en un expediente que es un conjunto de papeles y presentaciones con todas las terminologías legales y jurídicas. Entiendo que nuestra mirada tiene que poder ser esa: humanizar, poder mostrar que la persona que tramita esa situación es una persona a la que le pasan cosas, que tiene una historia. Y en eso a veces aparece la contracción de las adecuaciones: si uno debería adecuar las problemáticas que le pasan a las familias a los procesos o los procesos a las familias. Nuestros primeros cuestionamientos tenían que ver con eso”.

Las inquietudes que identificaron como comunes las estructuraron en tres ejes:

Las intervenciones en las que hay dos realidades. Las familias o mujeres con las que ya hay un vínculo establecido y con quienes tienen que hablar por primera vez. Explica Cuadro: “Si tenemos informes previos o informes de otras instituciones, en base a eso se puede colaborar en sacar la medida de protección. Por suerte hubo una acordada de la Corte diciendo que las medidas se sacaban de manera automática con una guardia mínima y después se termina de evaluar y las que ya estaban se prorrogaban de manera automática”. Sobre el tema, Velázquez Burgos agrega: “El trabajo con las familias que uno viene trabajando es más fácil, hay un vínculo armado, entonces lo telefónico, las vías remotas, te permiten algún tipo de acompañamiento e intervención. Con las situaciones nuevas la verdad es que es muy complejo poder entrevistar y evaluar una situación de riesgo, implica un encuadre, el conocimiento a la otra persona, poder establecer un vínculo de confianza, cierta empatía que permita que la otra persona pueda estar contando cosas que son sumamente dolorosas. Son entrevistas donde se pone mucho de lo vincular más allá de lo metodológico. Las cosas que hacen a lo vincular de manera telefónica son imposibles, mucho menos pensarlo si no tenemos la certeza de si esa persona está sola o acompañada en su casa, el riesgo de que haya alguien escuchando, que no pueda decir lo que quiere decir; o si está sola, estas entrevistas son movilizantes y vos cortás el teléfono y esa persona se queda con esa angustia, sola, o con sus hijos”.

Las intervenciones con niñes y adolescentes. Cuadro sostiene que “es imposible” hacer una evaluación de forma remota: “No podemos garantizar que el contexto donde esté el niño, niña o adolescente sea el adecuado para tener privacidad, que pueda decir lo que tenga que decir sin que después tenga consecuencias. Va a haber situaciones de excepción: si vemos que la única manera de tomar una medida de cuidado es hacer la entrevista por medios remotos, hay que hacerla. Hay una cuestión ética que tiene que estar primero de nada. También tenemos que pensar que el acceso a la justicia no es tan accesible para todos y es importante que una vez que lo puedan hacer y acercarse a hacer la denuncia haya una respuesta ética, humana, del otro lado”.

Las posibilidades de trabajar de manera remota que tienen las peritos. “Uno cuando corta está con los hijos, con las parejas, no está con el equipo de trabajo que es esencial. No es lo mismo elegir trabajar en casa, que puedo tener mi espacio diferenciado, a que te impongan el trabajo con violencia dentro de la escena familiar. Hay que pensar también las posibilidades de conectarse, de privacidad, de uno estar en posibilidad de poder alojar a otro”, concluye Cuadro.

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