• cielo claro
    7 de Abril de 2020
flavia-face-tapajpg

Denunció por Facebook que su ex abusaba de su hija y la condenaron a una vida en la cárcel

Flavia Saganías denunció a su ex pareja por abuso sexual contra su hija de 8 años. Sin embargo, es ella quien lleva más de un mes presa. La justicia de Córdoba la acusó de haber instigado, a través de un posteo en la red social, un ataque contra su ex para obtener “justicia por mano propia”

En un juicio con jurados populares, el tribunal de Cruz del Eje, Córdoba, condenó a Flavia Saganías -de 41 años y madre de cinco hijos- a 23 años de prisión. En el juicio, que culminó a fines de noviembre, se la encontró culpable de haber instigado, a partir de un posteo en Facebook, un ataque contra su ex pareja, Gabriel Fernández.

En agosto de 2017, Flavia había denunciado a Fernández por abuso sexual contra una de sus hijas, de 8 años, fruto de una relación anterior. Sus sospechas tenían fundamentos: había detectado que la nena, no sólo se mostraba muy enojada y no hablaba con casi nadie: por las noches se despertaba gritando “qué asco, qué asco, no quiero”.

Había, además, antecedentes de violencia contra Flavia, por eso la justicia le había dictado una orden de restricción. Una psicóloga, entonces, le sugirió a Flavia que, como la nena no le contaba lo que le pasaba, la hiciera dibujar. Flavia le pidió que dibuje a Gabriel Fernández y ella dibujó dos manos grandes y un pene.

Con el dibujo que la niña había realizado, Flavia fue a la justicia de Cosquín. “La nena no quiso hablar, no se dejó revisar. Cuando volví yo tenía más miedo de que Fernández tome represalias. Él violaba la orden de restricción. Ahí fue cuando hice el famoso escrache”, relató Saganías durante el juicio.

Una trabajadora social determinó en 2017 que “no había signos de abuso” en la menor y, sólo dos meses después de haber sido presentada la denuncia, el juez archivó la causa, que se tramitaba en los tribunales de Cosquín.

Frustrada, enojada y atravesando el puerperio -hacía muy poco que había dado a luz a los mellizos que hoy tienen dos años y medio, y son hijos de Fernández-, Flavia realizó un posteo en Facebook: “Este abusador de niños, denunciado en la fiscalía de Cosquín, sigue suelto. Un violador más que sigue libre entre nuestros niños. Se llama Gabriel Fernández y vive en calle Pampa al fondo. Por favor difundir. Cuidémonos entre nosotros ya que la justicia no hace nada”. La publicación estuvo en línea pocas horas: fue denunciada y se dio de baja.

El padre de la niña, que vive en el exterior, se enteró de la publicación de Facebook y se comunicó con el hermano de Flavia para pedirle que averiguara qué había pasado con su hija. El hermano y la madre de Flavia, que vivían en González Catán, decidieron entonces viajar a Córdoba. Pasaron por la casa de Flavia pero no la encontraron. Después, fueron a la del hombre sospechado del abuso sexual.

En declaraciones públicas, Emiliano Saganías -el hermano de Flavia- dijo que al llegar allí se encontraron con una persona “totalmente drogada que salió a la puerta con un arma” y comenzó una pelea. La vivienda de Fernández resultó incendiada y él recibió fuertes golpes: de acuerdo a su declaración judicial, lo dejaron atado y fue violentado.

Por ello, y basados en el testimonio de Fernández, la justicia cordobesa considera que se trató de un caso de justicia por mano propia instigado por Flavia. Según se desprende de la causa, la publicación que ella hizo en Facebook habría sido el punto de partida de un plan que Flavia ideó para perjudicar a su ex pareja y que concretaron su hermano y su madre.

Flavia sostiene que las pruebas que utilizaron para condenarla son falsas y el movimiento de mujeres exige su absolución. Durante el juicio, Saganías aseguró que hacía tiempo que ella no mantenía diálogo con su madre ni con su hermano.

Sobre la condena, que se dio a conocer el 27 de noviembre, Flavia dijo al diario Página 12: “No fui violenta ni incité a cometer ningún delito. Respondí a los comentarios que sugerían matarlo, quemarlo, etcétera, que no podemos quitarle la vida a nadie, que cuidemos a nuestros hijos, que somos las herramientas que tenemos, justicia social”.

Sin embargo, para el tribunal de Cruz del Eje Flavia fue instigadora del ataque, y su madre junto a su hermano, coautores del hecho. Se la encontró culpable de incitar los delitos de “tentativa de homicidio agravado por el vínculo, por ensañamiento y por el concurso premeditado de dos o más personas, en concurso ideal con abuso sexual con acceso carnal agravado en grado de tentativa e incendio en concurso real”. El delito de instigación, en general, tiene penas muy parecidas al delito que se instiga.

El hermano y la madre de Flavia, que quedaron detenidos luego de cometer el ataque contra Fernández, obtuvieron la misma condena que ella (23 años).

“¿Con quién quedan mis hijos? ¿Con quién quedan mis hijos? ¡Por favor que nadie se lleve a mis hijos!”, gritó Flavia llorando al salir esposada de la la sala de audiencias, luego de saber que había sido condenada a 23 años de prisión.

El caso abre varios interrogantes. Por un lado se plantea si fue abordado desde una perspectiva de género y se cuestiona por qué no se tomó en consideración el hecho de que Flavia tuviera cinco hijos, de quienes es el principal sostén económico y emocional. Por otro lado, se presenta la cuestión de los linchamientos y escraches como respuestas colectivas que surgen ante la falta de investigaciones judiciales.

“La violencia de género, y la desplegada en el ámbito intrafamiliar, se caracterizan por las relaciones de poder desiguales o asimétricas, marcadas por la subordinación. La aplicación pretendidamente neutral del derecho, y exenta de consideraciones en relación al contexto de violencia en el que se encuentran inmersas las mujeres en esta situación, genera profundas injusticias” explicó a Infobae Lucía Richiusa, abogada especialista en el abordaje de las violencias interpersonales y de género, y Secretaria en un juzgado de familia.

De acuerdo a la lectura de Richiusa sobre el fallo, el punto es que se puso a “la mujer en situación de examen, haciendo foco en el presunto delito de instigación, invisibilizando el origen de la problemática y el contexto de la violencia. Culpar a las mujeres en estos casos contribuye a privatizar el tema como un asunto referido a una familia disfuncional, en lugar de entenderlo como un problema social que el Estado debe afrontar, interviniendo activamente para erradicar los vínculos violentos”.

Gladys Galván, integrante de la Mesa intersectorial contra la violencia de género de Capilla del Monte, expresó: “Los hijos de Flavia lloran todos los días pidiendo por su mamá. La Justicia no dimensionó esto. La Justicia solo escuchó la voz del hombre damnificado, la voz del hombre que ha sido golpeado, violentado y nunca tuvo en cuenta ni dio lugar a la otra parte”, aseguró.

“No estamos a favor de una justicia por mano propia, no damos el visto bueno para nada de eso. Pero la Justicia no equilibró la balanza, no midió con la misma vara. El abuso es delito, el escrache no. Es una herramienta que tenemos las mujeres para poner en aviso una situación de injusticia, como este hecho que está viviendo Flavia hoy”, agregó Galván.

Una foto y un perro

Sobre el proceso de enjuiciamiento, Flavia cuestionó que se hiciera foco en la peligrosidad de los escraches y se mostraran imágenes de publicaciones suyas en Facebook en las que se pedía perpetua para los violadores o justicia para mujeres violentadas o revictimizadas. Además consideró que las pruebas e indicios que se usaron para justificar su participación como instigadora de los hechos son falsas.

En los fundamentos de la condena se asegura que “durante los días en los que se desarrollaba el juicio, Flavia Saganías “seguía con los escraches por toda Capilla del Monte. Esa conducta impermeable y ciega se compadece con el rol de instigadora”.

Se apela a supuestos indicios, como el hecho de que Saganías recibiera una foto del cuerpo herido y golpeado de Fernández luego del ataque, imagen que le envió su hermano. “Recibió dicha fotografía como prueba del cumplimiento de lo instigado”, dedujo la justicia. La mujer “tenía mucho temor de perder a sus hijos, por ello es que aparece como coherente que haya planificado la instigación”, se sostiene.

Otro de los indicios sobre los que se fundamenta la condena es la presencia de un perro en la casa de Saganías luego de cometerse el ataque contra Fernández. Este animal, que tenía por costumbre seguir a las personas que conocía, había pertenecido a Flavia pero vivía con Fernández.

“Se puede deducir, desde la lógica y el sentido común, que el animal se fue siguiendo a su anterior dueña Flavia Saganías, quien probablemente se encontraba esperando en el vehículo” que transportó a su hermano y a su madre hasta la vivienda de su ex pareja. “Ello encastra claramente en su rol de instigadora, de querer aparecer alejada de la escena ejecutiva del delito, de haber guiado a los coautores”, se expresa en el fallo. Flavia asegura que el perro llegó a su domicilio siguiendo al móvil policial.

Sobre este punto, una fuente jurídica consultada por Infobae aseguró que resulta llamativo que en el fallo se le dedique un título a la aparición del perro en el domicilio de la acusada, “mientras que en sentido contrario, hay una referencia muy breve a la declaración y testimonio de Flavia”, que apenas llega a ocupar un espacio de dos páginas.

Son varias las organizaciones que reclaman “#JusticiaPorFlavia”, desde Actrices argentinas, que realizó una intervención frente a la Casa de Córdoba en Buenos Aires, hasta grupos más locales quienes aseguran que “la justicia de Cruz del Eje se basa en supuestos y el sentido común para dictaminar y dar un fallo”.

Sobre lo expuesto por Fernández durante el juicio, la Cámara del Crimen de Cruz del Eje consideró que “el testimonio brindado por la víctima (Fernández) apareció plenamente creíble, por cuanto se expresó de manera clara y coherente”, y sostiene que durante el ataque cometido en su domicilio “participó un tercer varón que no se logró identificar”.

“No hay audios o grabaciones de conversaciones que pudieron existir entre Flavia y su mamá ni tampoco entre ella y su hermano como para adjudicar a Flavia el rótulo de instigadora”, aseguraron desde las organizaciones que luchan por la absolución.

De acuerdo a lo que consta en el fallo “hubo varios intentos de comunicación y comunicaciones concretadas entre los hermanos Saganías y la madre de ambos, la noche previa al hecho, la madrugada y la tarde del hecho”. Sin embargo, a lo largo de los fundamentos de la condena no se brinda ningún tipo de detalle sobre las llamadas concretadas. Esto resulta llamativo ya que no se dice qué es lo que hablaron mientras que que sí se da detalles de la conversación que Flavia mantuvo con sus amigas.

El abuso sexual a una niña de ocho años

Mientras concluía el juicio en la Cámara del Crimen de Cruz del Eje, y ante el reclamo colectivo, se dispuso abrir una nueva investigación por el presunto abuso sexual de la niña, que se tramita en Cosquín.

Saganías aportó dos nuevos elementos: un estudio psicodiagnóstico emitido por una médica especialista en psiquiatría infantojuvenil del programa Paica (Hospital de Niños) que refirió que “existen indicadores de probable experiencia traumática de orden sexual” y ordenó realizar un tratamiento continuado. Por su parte, la psicóloga, que llevó adelante la terapia de la niña, también aportó un informe con indicios del mismo padecimiento.

Flavia aseguró que en 2017, cuando presentó la denuncia, “la justicia dijo que las pruebas no eran suficientes, no que el abuso no existió”.

Sobre la orden de restricción que pesaba sobre Fernández, no se dan detalles en el fallo. Tampoco se hace mención alguna a la ruta crítica que transitan las mujeres a la hora de romper el silencio ante sospechas por abuso sexual de sus hijas e hijos ni se hace foco en la violencia patriarcal que afecta a las mujeres, niñas y niños.

Resulta bastante dificultoso y confuso leer el testimonio de Flavia en el fallo: por momentos está escrito en primera persona y por otros está redactado en tercera persona. Esta técnica de escritura es, justamente, poco recomendada cuando se pretende analizar un caso con perspectiva de género. Es importante preservar el testimonio de la mujer en situación de violencia y para ello es fundamental no utilizar palabras ajenas a las que ella utilizó en su declaración.

Sofía Caravelos del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ) consideró que “una justicia con perspectiva de género, debe contextualizar e historizar las acciones. Y cuando castiga, también debe preguntarse si no operan allí otros estereotipos que hacen que haya un plus de castigo respecto de las consideradas ‘malas madres’”.

Ahora Flavia espera en el penal de mujeres de Bouwer, donde comparte celda con su madre, que se le conceda la prisión domiciliaria. De acuerdo a lo informado por su defensa, se avaló otorgarle la prisión domiciliaria, lo que sucedería luego de la feria judicial.

“Al haberse caído su construcción fabulosa y ver frustrado el objetivo, Saganías dio un paso más en el mismo camino, planificó ahora hacer justicia por mano propia y los instigó a sus familiares”, se detalla en el fallo.

Esta descripción cae en los estereotipos de género que la criminóloga y catedrática de Derecho Penal, Elena Larrauri Pijoan, señala como mujer instrumental, corresponsable y fabuladora. Estos atributos dan cuenta de los prejuicios que los operadores judiciales tuvieron al momento de dictar el fallo: la locura, la mentira y la fabulación se atribuyen, en el marco de los prejuicios de género, a la imagen femenina mientras que la racionalidad, el cálculo y el sentido criterioso es patrimonio masculino.

Si todavía no recibís las notificaciones de PRIMERA PLANA, mandanos un Whatsapp al 2477.506005 con la palabra ALTA y pasarás a formar parte de nuestra base de datos. ¿Más fácil? Hacé click en el siguiente enlace http://bit.ly/2tCrZxJ.