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El boleto más caro de la Provincia, el servicio más disminuido y las preguntas sin respuestas

Guillermo "Memo" García Por Guillermo "Memo" García | 12 de Marzo de 2020

Es un hecho el aumento del boleto del transporte público de pasajeros. Desde el mes próximo costará 45 pesos.

Pero más allá del fastidio y el enojo que eso genera en los usuarios, son varios los interrogantes: ¿Era necesaria la suba? ¿Es desmesurada? ¿Cómo afectará a la economía del usuario? ¿Se justifica que el Municipio lo subvencione? ¿Se verá reflejado en una mejora del servicio?

Tanto la empresa prestataria del servicio, el Ejecutivo Municipal y el Concejo Deliberante coincidieron en la necesidad de un reajuste tarifario, aunque con distintas visiones.

La Nueva Perla S.R.L pidió a alcanzar en octubre los 74 pesos.

El informe técnico del Ejecutivo arrojó un número menor: 64 pesos. Y llegando a octubre de manera escalonada en tres tramos.

El bloque oficialista entendió que examinando un equilibrio entre las consideraciones técnicas, el reclamo de la empresa y el impacto que generaría en la economía de los usuarios, el costo no debía superar los 50 pesos, que es el valor que comenzará a regir en junio.

Por su lado, el bloque del Frente de Todos también comprendió que el valor de 50 pesos era aceptable, pero pretendía que la diferencia de aumento fuese absorbida por el Municipio, a través de un subsidio cercano a 1.500.000 pesos mensuales.

Ahora, sí del golpe al bolsillo de los usuarios se habla, resulta primordial analizar que la población económicamente más vulnerable, mediante el sistema SUBE, abona hoy el 45 por ciento de la tarifa plana y representa el 55 por ciento de los pasajeros transportados aproximadamente.

Los estudiantes de todos los niveles -primario, secundario, terciario y universitario- tienen Boleto Estudiantil Gratuito, subvencionado por el Municipio. Y las personas con discapacidad poseen pase libre por ley nacional.

Entonces, los que más vuelven a sufrir en toda su dimensión económica son los trabajadores, usuarios cotidianos del transporte público, que hoy abonan la tarifa plana sin recibir ningún beneficio.

Si bien el transporte público es un servicio fundamental para una ciudad, a la cual dinamiza, como política pública, en muchas ciudades el servicio es subvencionado por el Estado. Se trata, al menos, de reflexionar si es necesario sumar un subsidio más -en este caso municipal- a los que ya viene recibiendo La Nueva Perla desde hace más de una década.

En la actualidad, de acuerdo al informe presentado por la propia empresa, los subsidios recibidos alcanzarían entre un 60 y 65 por ciento de su costo operativo. Y sí se sumara un subsidio municipal, rondaría entre el 70 y 75 por ciento.

¿Se justifica que el vecino, mediante el pago de sus impuestos, tasas o cualquier otro tributo, sostenga una actividad privada, que si bien presta un servicio que es público, lo hace de manera ineficiente?

Hace mucho tiempo que las empresas de transporte -al menos las monopólicas- dejaron de preocuparse por optimizar la calidad del servicio y brindarle mejoras al usuario, con el objetivo de estimularlo a utilizar ese medio en lugar de otro.

Es más fácil y más cómodo para los empresarios aferrarse a la condición que están prestando un servicio fundamental o a que sostienen varias fuentes de empleo y pedir a gritos que el Estado subsidie la actividad.

No es novedad que en ciudades de similares características a Pergamino el transporte público es poco rentable e inclusive en algunos distritos, hasta deficitario. Pero sí es el Estado el que debe afrontar todo el tiempo el costo mediante subsidios ¿Cuál es el rol del empresario?

¿El Estado debe subsidiar también la rentabilidad de los empresarios que decidieron dedicarse al transporte?

Se genera un dilema mayor: si se aumenta el costo del boleto, son menos los usuarios que utilizan el transporte público y si no se incrementa, la empresa argumenta que es inviable la prestación del servicio y sustentar a sus empleados. Pero la realidad es que si se subsidia de un modo u otro, siempre son los usuarios los únicos que terminan pagando el costo.

¿No quedará otra opción que un transporte público subvencionado en un 100 por ciento por el Estado? Porqué a esta altura, esa posibilidad no parece tan lejana ni descabellada.

¿La realidad esta demostrando que el transporte público de pasajeros es improbable en Pergamino, al menos, como hasta ahora se lo piensa?

Es momento que los representantes políticos se arremanguen los pantalones y se pongan trabajar con seriedad y responsabilidad, exigiendo con el mismo impulso e insistencia con el que piden los votos en cada

elección, para encontrar la estrategia y la forma de hacer sustentable y sostenible la prestación de un servicio que desde el 1º de abril será el más caro de la Provincia de Buenos Aires a cambio de nada.

A los usuarios casi que los dejan a pié, cansados de estar en el medio y pagando, sin derecho a poder reclamar viajar mejor. Alguna vez a ellos les gustaría estar en una situación más cómoda, como la que tienen los encargados de darle una solución a sus problemas.

El autor es Periodista y Jefe de Redacción de PRIMERA PLANA

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