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La historia del día que un pergaminense corrió por primera vez en la Fórmula 1

Un día como hoy, un pergaminense subía por primera vez a un auto de Fórmula 1, competía en la máxima especialidad del automovilismo mundial en una carrera con puntaje y dejaba su huella. El particular camino entre Urquiza y la máxima categoría de Jesús RIcardo Iglesias.

El día y la hora habían llegado. El calendario decía que era 16 de enero, un día como hoy. El Autódromo de Buenos Aires lucía esplendoroso como toda obra nueva. El calor como el de estos días, era denso, agobiante cuando había que alistarse para salir a la pista.

En su haber figuraba la friolera de ser Campeón Argentino en las dos categorías de fórmula que existían en el país. Don Jesús Ricardo Iglesias, un as del volante. Una figura indiscutible en el país, su sólo nombre representaba en aquellos tiempos lo que una cuarentena de corredores del TC actual no pueden igualar ni cerca, sobre todo porque en esos días de velocidad y heroicidad, el automovilismo trascendía las fronteras de los amantes de las carreras de autos y se constituían en figuras públicas.

Así entonces, con el talento a cuestas y las manos engrasadas le llegó la oportunidad. La Fórmula 1 llegaba a Argentina para disputar el III GP, corría 1955 y después de las dos ediciones anteriores, esta se presentaba como una oportunidad increíble para aquel hombre consagrado, que desde 1946 a bordo de “El Piropo” se había ganado el mote de campeón.

“Yo tenía 9 años, lo vi correr a mi papá entre los grandes, los mejores corredores del mundo, Fangio, Moss, Froilán, Trintignant, Collins, Hawthorn y mi viejo ahí peleándolos. También lo vi entre Ferraris, entre las Mercedes Plateadas, fue increíble” dice hoy uno de sus hijos, Ricardo Caito Iglesias rememorando aquella carrera y otras dos que fueron trascendentales en la vida deportiva de Ricardo padre.

Afiche promocional del Gran Premio de Argentina.

Para tal ocasión venían, como era habitual, la armada de grandes equipos como Ferrari con Giuseppe Farina, Umberto Maglioli, el arrecifeño Froilán González y Maurice Trintignant; y también estaba Maserati que tenía como figura central a Jean Behra, Sergio Montovani, Luigi Musso, Harry Schell entre los argentinos Bitito Mieres, Charly Menditeguy, y Clemar Bucci.

A ellos se sumaba el poderoso equipo Mercedes con Juan Manuel Fangio, Karl Kling y Stirling Moss y Hans Herrmann. Como si hicieran falta más nombre temerarios, se presentaban con Lancia, Alberto Ascari, Luigi Villoresi y Eugenio Castellotti.

Por último llegaba el más humilde de los equipos extranjeros, desde Francia. Gordini se presentaba con su máxima figura Elie Bayol y lo completaba con el argentino Pablo Birger y nuestro Jesús Ricardo Iglesias.

El número 42 reluciente sobre el celeste T16 del Equipe Gordini, era empujado por un motor de 2 litros (más pequeño que el de Bayol) y transmitía toda su potencia al piso con unas gomas Englebert, como las de Ferrari, en tiempos en que la Fórmula 1 también abría el juego a varias marcas proveedoras de caucho. Así los Mercedes calzaban Continental y las Maserati y Lancia lo hacían con Pirelli.

La clasificación había sido regular, y tenía que partir desde un lejano 17mo puesto, después de haber marcado su mejor vuelta en 1’46”3 a 3,2 segundos del más veloz que fue su amigo, Froilán González con la Ferrari.

Grilla de partida del III Gran Premio de Argentina del 55, se lo ve a Jesús Ricardo alistándose para iniciar.

“Hacía un calor infernal, yo estaba en la carrera, ganó Fangio con la Mercedes, llegó a estar 4to mi viejo. La Gordini se rompió faltando poco para el final”, rememora Caito, al recordar esa carrera que lo tuvo al cabo de la primera vuelta en el puesto 20 y de ahí en adelante inició una remontada memorable que lo llevó a arañar el podio hasta que la caja de pequeño autito dijo basta y se quedó con las manos vacías, sin la posibilidad de sumar algún punto que lo dejara para siempre en los rankings de la Fórmula 1 Internacional. No obstante, es válido destacar que el auto que manejó Iglesias no quedó entre los clasificados, pero si así hubiera sido habría obtenido el 10mo puesto, algo complejo de comprender con nuestros ojos, ya que en aquellos tiempos se podía compartir también el vehículo entre coequipers.

Por ello ganó Fangio con Mercedes, logrando así el 4to triunfo de su historial para la marca; fue segundo Froilán con Ferrari, pero compartida con Farina y Trintignant. Tercero otra vez Farina que utilizó auto junto a Maglioli y también Trintignant. Es decir, excepto Fangio, Mieres e Iglesias, todos los demás se entremezclaron en la conducción de los vehículos arribados.

“¿Sabés que lo quisieron parar? Cuando faltaba poco para el final, porque en ese momento los puntos se compartían entre compañeros de equipo y ellos tenían a Elie Bayol que ya había abandonado así que se la iban a dar a él. Pero mi tío, el Negro Sinelli se le puso al lado a Gordini y le dijo que no lo parara que no tenía por qué hacerlo ya que no estaba cansado ni tenía problema alguno” recuerda con orgullo el mayor de sus tres hijos.

La carrera que no se recuerda tanto en nuestro ámbito, fue de gran trascendencia para Jesús Ricardo Iglesias ya que al cabo de la misma fue tentado a subirse a la troupe de “La Máxima”, así lo confirma 65 años después Caito Iglesias al comentar que “Yo estuve cuando Amadeo Gordini le ofreció una casa en Francia para que fuera a correr allá, pero él le dijo que no porque tenía su familia acá y dejó de lado la posibilidad de ir a Europa. Para mí ver a mi viejo ahí con la Gordini chiquita de 2 litros, mejorando tiempos y posiciones de la más grande fue tremendo”.

Como si esto fuera poco, no fue la única vez, en 1958 la máxima volvía a Argentina. Ganaba la final Stirling Moss con un auto revolucionario, el Cooper Climax con motor de 1500 centímetros cúbicos. No muchos recuerdan que además la visita de las grandes figuras y las grandes marcas generó unas semanas antes la denominada Temporada Internacional, donde además de los autos de F1 se invitó a participar a corredores de Argentina y países limítrofes con su monopostos nacionales en una carrera pero sin puntaje. En el GP Ciudad de Buenos Aires, ganó Fangio, pero mucho tuvo que ver con eso el bueno de Jesús Ricardo.

El histórico encontronazo de Iglesias y Moss reflejado en la tapa de El Gráfico de 1958  (obtenido del libro de Carlos Luján Del Valle)

El libro de Carlos Luján Del Valle (Jesús Ricardo Iglesias, el automovilismo y una historia sin fin) refresca ese momento con lujo de detalles y con las palabras del propio Iglesias. El local largó último, bajo la lluvia y al llegar a la primera curva iba a doblar tercero por delante de Moss. Pero fallaron los frenos y cuando quiso tirar el auto para el interno temió atropellar a un puñado de atrevidos fotógrafos, entonces sacó el auto hacia el exterior y embistió violentamente a Moss, quien volvió hasta los boxes a puro insulto en un idioma que el de Urquiza desconocía totalmente.

“Fangio era muy amigo de nosotros, pasaba por Urquiza y nos venía a saludar, recuerdo esa carrera, el Chueco le dijo a mi papá ‘Bueno Ricardo, me hiciste un gran favor porque sino éste me ganaba también esta carrera sin puntos!’.” dice entre sonrisas Caito Iglesias, antes de contar otras tantas anécdotas de Don Jesús Ricardo cuando corrió los 1000 kilómetros de Buenos Aires, otra andanza internacional pero con  autos Sport.

La ciudad de Pergamino realizó en 1993 un homenaje multitudinario a Don Jesús Ricardo, en el Club Fomento Centenario donde concurrieron más de 600 personas; también es válido destacar el libro que realizó repasando su historia el colega Carlos Luján del Valle, quien además fue impulsor en 2015 del Paseo Jesús Ricardo Iglesias que se encontraba en el Parque Municipal, lugar en el que corrió innumerables competencias. En aquel momento, el Intendente Omar Pacini sus familiares y el propio Juan María Traverso estuvieron en la inauguración de un mural que recordaba al gran corredor, mural que fue inexplicablemente tapado por la actual gestión municipal.

“Pergamino lo supo recordar y reconocer en vida a mi padre, eso es lo más importante. Pero además lo reconocieron en todo el mundo: tenemos cartas de fanáticos y coleccionistas de la Fórmula 1, con estampillas de lugares increíbles que le han enviado con la largada de ese Gran Premio, le escribían y le pedían un autógrafo” dice Caito.

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