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Los motivos por los que Romani está libre y porqué quedo en jaque la investigación por el asesinato de Claudio Alejandro Castaño

Después de estar casi 3 meses en prisión, la Cámara de Apelaciones y Garantías en lo Penal del Departamento Judicial Pergamino determinó que no había pruebas contundentes para vincularlo como coautor del crimen. ¿Quién fue entonces? ¿Dónde está?

Durante el atardecer del viernes, Leonardo Julián Romani abandono de la Unidad Penitenciaria 13 de Junín. En plena soledad, caminó por la Ruta Nacional Nº 188 rumbo a Pergamino, tal vez sin entender del todo porqué había estado en prisión y quizás sin concebir cómo volvía a estar nuevamente en libertad.

Varios kilómetros después lo encontraron sus padres y tampoco pudieron explicar claramente la situación. Con preguntas sin respuestas rondando en su cabeza y con el temor propio de quién no entiende, llegó a la ciudad ansioso de una información que no se materializó hasta ayer, cuando los sonidos del carnaval se apagaron y la rutina volvió a mover el motor -en este caso- judicial, después del primer feriado largo del año.

Sospechas, rumores, elucubraciones, intentaron tejer la telaraña que derivó en esa libertad. La Cámara de Apelaciones y Garantías en lo Penal del Departamento Judicial Pergamino le revocó su prisión preventiva y le dictó la “por falta de mérito” ya hace unos días. Pero recién ahora tiene algunos indicios más concretos del porqué no sigue tras las rejas.

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La historia es extremadamente compleja. Pero vale narrarla por etapas. La detención de Leonardo Julián Romani estaba basada principalmente en la declaración de un testigo denominado “clave”. Este habría sido quien acompañaba al sindicado como el autor de los disparos -y único sospechoso investigado por haber ultimado a Claudio Alejandro Castaño en intención de robo- en momentos que este estaba intentando fugarse de la ciudad con destino a San Nicolás. De acuerdo a la defensa de Romani, ese testigo brindó toda la información con que contaba y aseguraba que el principal imputado le habría confesado el crimen y que en esa circunstancia había sido acompañado por Romani, que oficiaba como conductor de la moto. Esa sería la única prueba incriminatoria contra el sospechoso liberado el viernes.

Esa declaración que en un principio resultó fundamental para casi dar por resuelto el caso, resulta que ahora no alcanza. Así lo entendió la Cámara de Apelaciones y Garantías en lo Penal del Departamento Judicial Pergamino,  instancia desde la cual se ordenó la liberación de Leonardo Julián Romani.

Ese cuadro acusatorio no habría estado acompañado por pruebas suficientes ni convincentes que permitieran cerrar el círculo y ese sería uno de los motivos por los que Romani está ahora libre porque la declaración por sí sola no puede desvirtuar la presunción de inocencia.

El máximo órgano del Departamento Judicial concibe que tampoco aparecen elementos para asegurar que existía entre Romani y el principal imputado un vínculo que les permitiera asociarse para el delito, Una alta fuente de la investigación indicó a PRIMERA PLANA que la defensa de Romani, a cargo del penalista Maximiliano Brajer, presentó pruebas sólidas para certificar todo lo contrario, entre otros diversos aportes.

Si Romani no estuvo aquella noche conduciendo la moto desde la que se perpetró el asesinato ¿Quién fue? ¿Dónde está? ¿Por qué se sindicó a Romani?

Hay más argumentos que le permitieron a la Cámara de Apelaciones y Garantías en lo Penal del Departamento Judicial Pergamino tomar una decisión tan categórica y en poco tiempo. A partir de esta liberación surge una enorme variedad de contingencias que ponen en jaque la investigación que llevó adelante la Policía y la Fiscalía.   

¿La pesquisa contemplará las pruebas necesarias para que no se caiga la hipótesis que en menos de 48 horas daban el caso como resuelto? Ahora comienza un nuevo proceso que encierra la única pregunta que necesita respuesta ¿Quién asesinó a Claudio Alejandro Castaño?

La sociedad, pero especialmente su mamá Cristina y su hermana Belén, precisan una respuesta que sosiegue al menos una parte de ese inexplicable dolor, que desde el último día de noviembre del año pasado les embarga la vida.

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