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Los pergaminenses, que ya fueron parte, palpitan el nuevo Dakar

Se está poniendo en marcha la edición 41° de la carrera más difícil del mundo y cuentan sus sensaciones Gustavo Bassi y Jerónimo Maté. La guía de argentinos que compiten en Arabia Saudita

“El Dakar es un reto para los que parten y un sueño para los que se quedan”, ese fue el slogan que craneó Thierry Sabine para sustentar una aventura que con el paso del tiempo se constituyó en la competencia más dura del planeta.

Durante 30 años ese francés tan particular, tan rodeado de mística, alimentó a una criatura que con el paso del tiempo se constituyó en una leyenda en sí misma.

Lejos de aquel romanticismo que ahora se conoce como capítulo 1; el Dakar 2020 va por su capítulo 3 en Asia, más precisamente en Arabia Saudita, una vuelta a la arena, al desierto, a la hostilidad del escenario y al intento por recuperar a los hombres por sobre las máquinas, situación que en Sudamérica -ahora conocida como capítulo 2-, se había desvirtuado dando preponderancia a los equipos multimillonarios por sobre todas las cosas.

Mientras este artículo se lee, 557 participantes estarán partiendo desde Yeda y deberán afrontar 7.500 kms, de los cuales 5.000 serán cronometrados en torno a una zona tan desconocida e inhóspita como la futurista e inimaginable ciudad de Qiddiya que comenzó a construirse 2017 y recién será realmente habitada en 2023, pero esa es otra historia.

Por ese mundo tan particular llamado Dakar dos pergaminenses dejaron grabados sus nombres para siempre. Gustavo Bassi en Motos, y Jerónimo Maté como navegante en la divisional Autos. A ellos habrá que sumar también la presencia del platense radicado en Pergamino, Abel Musso quien desde las asistencias ha dicho presente casi en todas las ediciones sudamericanas de la mano del equipo X-Raid de España.

Experiencia única

Bassi que corrió las ediciones 2012, 2013, 2015 y se lesionó antes de largar la de 2016 explicó que “para mí fue el anhelo (no encuentro la palabra justa) de haber competido en la carrera más difícil del mundo. Haber puesto en carrera durante 15 días el esfuerzo de todo un año de entrenamiento y poder llegar a la meta fue increíble”. Y luego detallo que “como persona, crecí, aprendí, viví, disfruté, sobre todas las cosas la enseñanza de poder competir con uno mismo, el sacrificio y todo lo que traslada una persona al deporte”.

Bassi corrió 5 etapas en 2012 y en las arenas de Fiambalá su máquina ardió en llamas, y su vida estuvo en peligro. Con esa experiencia fue a la edición de 2013 largando desde Pisco, Perú; recorrió Argentina donde obtuvo su mejor puesto de etapa (61° en Salta-Tucumán); y terminó en La Serena en el puesto 94 de la General, un logro inolvidable: “Para mí fue un broche de oro de lograr algo que es muy difícil, llegar a un Dakar fue un esfuerzo gigante teniendo en cuenta que uno no vive del deporte y lo complicado que es para los argentinos, tenes que conjugar tu día a día personal con el deportista. Se sufre, lo que se vive es indescriptible. Estás en el medio de la nada sin saber qué va a pasar con vos, esa incertidumbre que te obliga a tener una fortaleza física pero sobre todo mental que uno mismo no sabe que tiene. Y el agradecimiento, destaco el recibimiento que he tenido, ese fue el mejor premio que recibí en mi vida”.

Su trayectoria se amplió en 2015 donde además compartió vivac con el pergaminense Jerónimo Maté quien ofició de navegante del lobense Oscar Mónaco a bordo de una poderosa Toyota Tacoma V6.

La competencia se inició desde Buenos Aires a Córdoba, allí Bassi marcó el mejor registro de su carrera en una etapa llegando entre los 32° de adelante, es decir mezclado con los profesionales de la actividad. Jerónimo por su parte terminó la etapa que recorría zonas cercanas a nuestra ciudad en el puesto 105° debutando con gran satisfacción.

Pero las alegrías del Dakar suelen venir acompañadas de golpazos. En la segunda etapa que llegaba a San Juan, Bassi tuvo una caída que le provocó una lesión en los tendones cruzados y medio interior de su rodilla izquierda, a pesar de ello terminó una etapa que fue extenuante para todos en el puesto 62°, pero al llegar al campamento los médicos lo obligaron a abandonar.

Tampoco salió todo redondo para Maté que terminó la Etapa 2 fuera de horario, prácticamente al mediodía del día siguiente al que habían iniciado. A pesar de ello largaron la Etapa 3 hacia Chilecito, pero a poco de andar les anunciaron que habían sido excluidos por no cumplir los plazos de la etapa anterior. A pesar que todo parecía el final para Jerónimo Mate, en ese instante surgió una anécdota increíble.

Ya fuera de competencia se las ingenió para ser llevados en un avión de la organización hasta Chile -sin pasar por Aduana- y seguir todo el resto de la competencia con su amigo Luis Beláustegui (otro dakariano) que asistía a motociclistas de otros países, una historia increíble y bien de Dakar.

“Dakar conjuga la aventura, con lo deportivo, y tiene lo mágico de disfrutar de la camaradería, de conocer otras personas, otras culturas, se genera un entorno particular, una familia rodante, es inigualable. Eso es lo más cautivante, terminas siendo parte de diferentes historias y a medida que vas conociendo a otros corredores se genera una afinidad que si te lo cruzas en el camino paras a ayudar y querés que todos vayamos para adelante, sobre todo entre los amateurs los que vamos cerrando el pelotón, vamos juntos porque en definitiva ganarle a la carrera es llegar y se genera esa solidaridad que lo hace único”, explicó Maté,quien contó además que su vínculo con la carrera comenzó apenas iniciada la década del 2000 cuando “pasó por Pergamino el ´Por las Pampas Rally´ y no me lo pude olvidar nunca más. De ahí no paré de investigar, iba a los cyber a buscar información del Dakar. En lo personal nunca imaginé que iba a venir a Sudamérica y cuando eso pasó se dio la gran conjunción que me permitió ser parte”.

Superado el trago amargo, en 2016, Gustavo Bassi fue por una nueva chance de dar la vuelta, pero lamentablemente una semana antes del inicio de la competencia tuvo un accidente mientras entrenaba en un camino rural, sufrió fractura de fémur también de la pierna izquierda y su ilusión se diluyó en una recuperación larga que lo mantuvo hasta el momento fuera de la actividad.

Un nuevo capítulo, una nueva historia

El nuevo horizonte dakariano se dibuja en Arabia Saudita, el país más extenso de Medio Oriente donde cañones, dunas, montañas, cauces secos, se constituyen sobre el 75 por ciento del territorio arenoso para recostarse luego en el mar Rojo, paisajes de ensueño que serán también una pesadilla para los cuerpos y las máquina. Es que esa es la esencia de Dakar, saber soportar todo tipo de contingencias.

“He charlado con quienes corren y además he tenido la oportunidad de correr en una fecha del Campeonato del Mundo por aquella región (corrió y terminó el Rally de Marruecos en 2015), creo que va a ser más sencillo en el sentido de la logística ya que habrá menos campamentos, no como aquí que era un campamento por día. En cuanto a lo deportivo va a ser súper competitivo, muy duro, va a ser intenso y tendrá una cantidad de arena importante. Va a ser muy agotador, los márgenes de errores tal vez sean mayores que los que veíamos en Sudamérica” explicó Gustavo Bassi, al ser consultado por la edición 2020 de la más dura de las competencia que tendrá como gran desafío 5 especiales de más de 450 km entre las 12 etapas.

Sobre el particular, también brindó sus opiniones Jerónimo Maté quien aseguró que esta edición se constituirá como un “volver a los orígenes del Dakar, desierto, lugares inhóspitos. Habrá que ver qué aporta el público, pero creo que los competidores no tendrán esa ayuda que tenían en sudamérica donde siempre había alguien que te daba una mano si tenías algún inconveniente. El que sepa de mecánica creo que puede llegar a marcar diferencias porque ahora sí van a estar en medio de la nada misma”.

Esta edición 41° del Dakar tendrá, además de un nuevo escenario, cambios muy importantes en lo deportivo que intentarán achicar la brecha entre grandes equipos y amateurs.

En ese sentido lo más saliente será el cambio por medio del cual las “hojas de ruta” se entregarán pocas horas antes de lagar cada especial y las marcas que acostumbraban a hacer vendrán ya predeterminadas y en códigos de colores. Sobre ello Maté reflexiona “habrá que ver qué pasa con los cambios del manejo de información. Aquí había mucha información de mucha gente que conocía los caminos y siempre de una forma u otra llegaban datos ocultos a determinados equipos o corredores; ahora eso parece que va a estar mucho más controlado y si se logra volverán más a la esencia de la carrera, que se pierdan es algo que no pasó mientras estuvo Marc Coma armando la ruta aquí en Sudamérica”.

Argentinos

Nuestro país que durante los años del Capítulo 2 supo ser el de mayor cantidad de inscriptos, ahora tendrá en Arabia la representación a través de 6 motociclistas; 4 participantes en cuatriciclos; y en autos habrá sólo uno al volante y se sumarán 3 navegantes; pero además Argentina tendrá representación en la flamante categoría SXS con un conductor y otros 3 navegantes en esa especialidad.

Entre las Motos, se destacan los hermanos Benavides, Kevin en su Honda intentará mejorar el 2° puesto logrado en 2018, después de un 2019 en el que la perdió por muy poco. Será su cuarto Dakar. Su hermano Luciano va con una KTM y viene de una fractura en 2018 (llegó igualmente 15°), y de un gran trabajo en 2019 ingresando en el Top Ten. Otro que tiene chances de pelear la punta es Franco Caimi con una Yamaha oficial a la que subió tras lograr el 8° puesto en 2017, en las dos últimas ediciones debió abandonar.

Un experimentado que estará presente con una Yamaha es Mauricio Gómez quien debutó en 2011, en 2013 tuvo un accidente grave que le impidió estar al año siguiente. Ya en 2015 volvió con su mejor actuación siendo 35° y sólo se ausentó en 2017.

Sebastián Urquía va con una KTM quien desde 2014 dijo presente en todas las ediciones, abandonó en 3 y pudo lograr su mejor actuación en la última al terminar 45°.

El último de los riders argentinos, también en KTM, será Leonardo Cola quien debuta después de haber acompañado como asistente a su primo Federico en 2010.

Nicolás Cavigliasso corrió y ganó en su debút el año pasado en Perú, seguido por otro coterráneo, Jeremías González Ferioli, a pesar de ser campeones del Dakar en Quads los argentinos no estarán en 2020, uno por problemas presupuestarios, el otro por una lesión.

Sí confirmó su presencia a bordo de un Yamaha, Manuel Andujar quien debutó en 2018 y ya el año pasado se metió en el 5° lugar. Con la misma marca irá Carlos Verza, el auténtico héroe chaqueño que corre en la categoría Malle Moto, sin ningún tipo de asistencia entre etapa y etapa, todo depende exclusivamente de él. Verza corre desde 2015 y lo mejor lo hizo en la última edición terminando 9° en la General y siendo el ganador entre los que corrían sin asistencia.

También estará Martín Sarquiz con un CANAM, el campeón del Canav en 4x4 fue el 3° mejor debutante en 2018 y abandonó en la etapa 6 de 2019. Por último también se presentará entre los Quads, Mariano Bennazar con otro Yamaha, viene de 2 abandonos, pero éste año se probó en Merzouga Rally terminando 5°.

Entre la siempre atractiva categoría de Autos la máxima expectativa está puesta en el trabajo que pueda hacer Orlando Terranova quien en 2019 se consagró Campeón Mundial FIA de Bajas Cross-Country. Navegado por el experimentado Ronnie Graue quien corrió en todas las ediciones desde 2010. Terranova es el único connacional en actividad que pudo competir en África (2005 y 2007 en Motos, abandonando); Sudamérica, y ahora irá por Asia. El mendocino ha ganado etapas (2013 y 2015) y su récord fue un 5° puesto en 2014 y 2015.

Entre los autos, deberá contemplarse la presencia de los navegantes Ignacio Santamaría (junto al español Xavier Foj en una Toyota Land Cruise, ambos ganaron en la categoría T2 en 2013); Mauro Lípez (irá con el ecuatoriano Sebastián Guayasamín en una Chevrolet); y a bordo de una Toyota Hilux irá Ariel Jatón (junto al español Pablo Canto Martínez).

Por último, la novedosa categoría SxS (Side by Side vehículos utilitarios todo terreno) presentará al reconocido Omar Gándara con un CAN AM Maverik X3 junto al uruguayo Sergio Lafuente. Van con la intención de dar la vuelta y vivir la aventura ya que el marplatense tuvo 4 abandonos y tres arribos en su historial.

También aquí habrá argentinos en la butaca derecha. El más reconocido es Ricardo Torlaschi quien el año pasado y el anterior fue navegante de Federico Villagra a bordo de un camión Iveco. Ahora se subirá con otro “camionero” Denis Berezovsky con quien intentará mejorar ese 4° puesto en la general de los gigantes del desierto.

El Pato Silva será otro de los animadores en la pequeña especialidad. El chaqueño, que ya había competido en categorías menores en su debut (2011) y también en su última edición, será navegante del español Juan Miguel Fidel Medero.

Finalmente, aquí también habrá un debutante, el joven rallysta Nicolás García que se subirá junto al italiano Stefano Marrini en un SxS Yamaha.

En Camiones, será notable la ausencia de los argentinos, sobre todo teniendo en cuenta los buenos trabajos que en su momento lograron Federico Villagra junto al Chino Yacopini y Ricardo Torlaschi. El cordobés no pudo llegar a un acuerdo lógico con el equipo De Rooy que lo albergó en ediciones anteriores.

Inconmensurable

Toda esta locura de perderse en el medio de la nada a altas velocidades no es completamente comprensible, y cuando además se analizan los costos económicos, mucho menos: Inscribirse para correr un Dakar tiene un costo en euros de 16.500 para motos, 28.000 para autos y 41.400 para camiones, más allá que siempre hay cuestiones negociables, ese es el punto de partida para ser parte de la odisea. Juntar el presupuesto es ganar un Dakar, correrlo es otra historia, y llegar a más de 2.500 metros de altura en la Montaña de las Almendras, será para los participantes de ésta historia meterse en un laberinto entre los numerosos valles que habrá que sortear y donde la navegación marcará la diferencia.

Eso no será todo, los corredores pisarán suelos con una historia riquísima que se extiende desde el pequeño pueblo de pescadores, Jeddah donde se encuentra la torre más alta del mundo; pasando luego por Hail y sus paredes de roca cubiertas de arte rupestre que atestiguan la ocupación humana de la región casi 10.000 años atrás. Y de allí saltarán sin dudas al Oasis de Al Hasa, con sus 58.000 km2 de agua; siempre alrededor de un misticismo único que podrán apreciar en la Mezquita del Profeta, construida en el siglo VII donde se congregan más de 10 millones de peregrinos año a año.

Toda esa cuestión turística es la que posibilita que el Dakar siga girando. En un principio fue patrimonio de aventureros que querían conquistar un mundo desconocido, contrapuesto. Con el correr de los años, si bien esa mística sigue flotando en el aire dakariano, ha encontrado en el fomento turístico su razón de sostenimiento económico, y también un gran negocio. Negocio que Argentina se permitió erradicar terminada la carrera de 2018, cerrando una puerta que difícilmente se pueda reabrir aunque las esperanzas siempre están latentes.

Sobre eso también hablaron los pergaminenses que subieron al tren del Dakar:

“Estratégicamente me parece bien que esté en otro continente en otro país. Le hace bien a la organización, a la carrera. Como argentino me gustaría que vuelva y que muchos puedan tener la oportunidad de correr un Dakar y me gustaría porque le hace muy bien a nuestro país, hoy estamos pasando una situación muy compleja. Para hacer un Dakar se conjuga la política, la economía, y muchas cuestiones que no siempre se conocen”, dijo Gustavo Bassi.

También con esperanzas, Jerónimo Mate reflexiona al decir “No sé si volverá, pero sí sé que marcó un hito importante dentro de la historia de la carrera. Lo que generó en el mundo tras su paso por Sudamérica dio un toque único, que se identificó con el calor de la gente y eso generó una expansión increíble. Eso en el tiempo se evaluará si justifica el retorno o no. Y por otro lado también la especialidad cross country tuvo su expansión al pasar y ganar tantos competidores en esta zona del mundo”.

La histórica carrera surgió como una redención. Un hombre perdido en el inigualable desierto del Sahara, viendo que su vida se extinguía en la arena perjuró que si sobrevivía llevaría esa experiencia al mundo entero. En 1986, el desierto de Mali se llevó su vida cuando controlaba la carrera desde un helicóptero. Más la semilla ya había prendido. Su padre Gilbert tomó las riendas hasta 1993 cuando delegó la carrera a ASO (Amaury Sport Organisation), diez años más tarde la inseguridad africana inició el peregrinar de esta carrera mítica que tiene místicos vínculos una y otra vez. A horas de que se inicie un nuevo periplo, en este caso por Asia, el propio Gilbert a puertas de cumplir 98 años dejó la vida terrenal. Una rareza más de este “reto para los que parten, sueño para los que quedan”.

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